Historia del Palacio de la Virreina

El Palacio de la Virreina, construido entre 1772 y 1777, es una joya arquitectónica del barroco civil. Forma parte de una secuencia característica de la Rambla, con la plazoleta delantera y la fachada señorial, y es paso de comunicación entre este paseo y el mercado de la Boquería. La fachada, de proporciones esmeradas, se enmarca con elementos constructivos regulares y modulares. Es loable el trabajo escultórico-decorativo de Carles Grau y cabe resaltar asimismo el trabajo de forja.

El edificio se estructura en torno a dos patios interiores, el grande y el pequeño, que configuran unos espacios muy logrados y de gran sabiduría compositiva. El acceso a la planta noble, la vivienda de los señores, es una escalera doble que arranca del vestíbulo y se une en el tramo final; su techo es de arcos rampantes y conopiales. El piso superior y las otras dependencias eran las habitaciones del servicio.

En la documentación de la época se menciona «la casa de la Rambla», de Felipe Manuel d’Amat i de Junyent, virrey de Perú, que tuvo un papel decisivo en las diferentes fases de la construcción, cuya dirección estuvo a cargo del maestro de obras Josep Ausich i Mir.

Felipe Manuel d’Amat (1707-1782) fue un personaje importante de la escena política española de la época. Hijo de una familia acomodada barcelonesa, se quedó huérfano a la edad de ocho años y a los once comenzó una carrera militar imparable que le reportó, el año 1754, el nombramiento de gobernador de Chile y, en 1761, el de virrey de Perú.

Al final de su vida, se instaló definitivamente en Barcelona, donde contrajo matrimonio, en 1779, con la joven Maria Francesca de Fivaller i de Bru. El virrey murió tres años después, en 1782. Su viuda, que le sobrevivió sólo nueve años, disfrutó de una aureola popular que marcó para siempre «la casa de la Rambla» que, desde entonces, quedó rebautizada como el Palacio de la Virreina.

La vinculación de la estirpe de los Amat con el palacio concluyó en 1835, cuando lo adquirió su administrador, Josep Carreras d’Argerich. Perteneció a los Carreras hasta 1944, año en que lo compró el Ayuntamiento de Barcelona.

En las Navidades de 1935, un precedente histórico había abierto el palacio a los ciudadanos: la exposición pública del óleo «El coleccionista de estampas», de Fortuny, comprado mediante recaudación popular por los Amigos de los Museos. Este acontecimiento puntual se vio consolidado en 1940 con la organización de la primera muestra, la Exposición Fortuny. Este mismo año, en las dependencias del palacio se había instalado el Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional. Desde entonces, el edificio ha estado, con más o menos intensidad, ligado a la cultura y el patrimonio de Barcelona.

Durante mucho tiempo, el palacio albergó colecciones y museos de la ciudad: el Museo de Artes Decorativas, la colección Cambó, el Museo Postal y Filatélico y el Gabinete Numismático, respectivamente. El Plan de Museos de 1984 definió una política museística nueva y recuperó los espacios del palacio que, dos años después, se convirtió en sede de la Concejalía de Cultura, consolidando el papel del edificio como equipamiento cultural de la ciudad. Se abrió una fase de exposiciones que se ha ido consolidando año tras año hasta llegar a nuestros días en que, La Virreina exposiciones, asume el espíritu primigenio de mostrar el arte al público por medio de exposiciones temporales.

Además de esta voluntad expositiva, se ha de resaltar el espíritu renovador y la rigurosa contemporaneidad de sus propuestas.