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Xavier Moret
Periodista y escritor
Las editoriales catalanas actuales deben mucho a la labor realizada durante el franquismo por algunos editores que fueron tensando la cuerda para conseguir burlar la vigilancia de la censura y publicar una serie de libros mal vistos por el régimen totalitario. Aquellos fueron unos años difíciles para la edición, unos años básicos para entender la evolución posterior del sector. Desde posiciones diferentes, gente como Josep Janés, Josep Vergés, Luis de Caralt y Carlos Barral apostaron a fondo por el libro durante el franquismo y supieron convertirlo en estandarte de cultura.

cuaderno central
  Janés, Caralt, Vergés i Barral, cuatro grandes nombres de la edición catalana
   volver al sumario / b.mm n.60  invierno 03
   

 

Si tenemos que ser fieles a la larga tradición editorial catalana, no hay que olvidar los nombres de editoriales históricas como Salvat, Espasa, Montaner y Simón y otros, pero en este artículo nos fijaremos sobre todo en algunos de los nombres importantes surgidos durante el franquismo. En este ámbito, nadie como Josep Janés i Olivé ilustra los cambios que la guerra civil impuso en el mundo de la edición catalana. Janés fue el primer gran editor español de la posguerra, pero su trayectoria no fue fácil, ya que venía de un pasado catalanista y republicano. Era, por tanto, un hombre marcado que tenía en su contra, desde el punto de vista de las autoridades franquistas, el hecho de haber publicado en los años treinta muchos libros en catalán.

Josep Janés i Olivé nació en Collblanc (Barcelona) en 1913 y muy pronto destacó como agitador cultural. Desde su adolescencia se movió en ambientes catalanistas, y entre 1930 y 1936 -es decir, entre los 16 y los 22 años- publicó dos diarios, fue director de un tercero y fundó las Edicions de la Rosa dels Vents y la revista Quaderns Literaris. Janés, que también fue un buen poeta, recibió en 1934, a los 21 años, la Flor Natural de los Jocs Florals de Barcelona. En La Rosa dels Vents publicó a muchos autores catalanes (Salvador Espriu, Joaquim Ruyra, Raimon Casellas, Pere Calders, Martí de Riquer, Joan Oliver y otros) y también a autores extranjeros, como Jonathan Swift, Laurence Sterne, Joseph Conrad, Oscar Wilde, Virginia Woolf, R. L. Stevenson, Katherine Mansfield, Aldous Huxley, Ernest Hemingway, Mark Twain, Edgan Allan Poe, Dante Allighieri, Massimo Bontempelli y Giacomo Leopardi.

Durante la guerra civil, Janés preparó desde la Generalitat publicaciones destinadas a los soldados del frente, y en enero de 1939, ante la llegada de las tropas franquistas, emprendió el camino de un exilio que duró tan sólo unas semanas. Su viejo amigo Eugeni d'Ors, que se había pasado al bando franquista, intercedió por él y Janés viajó a San Sebastián. Allí fue detenido y parece que incluso condenado a muerte por "separatista", pero sus amigos falangistas le sacaron de aquel difícil trance. De vuelta en Barcelona, pese a las dificultades que tenía por "desafecto", Janés se empeñó en crear una editorial. Ya que no podía hacerlo en catalán, lengua prohibida por el franquismo, lo hizo en castellano.

Los primeros pasos editoriales en la posguerra, en junio de 1940, Janés los dio de la mano de un amigo falangista, Félix Ros, hecho que le daba facilidades ante el régimen. De todos modos, la colaboración con Ros terminó en agosto de 1941. A partir de entonces, Janés se instaló como independiente con el sello José Janés Editor, mientras que Ros fundó la editorial Tartessos, que vendería en 1944 a José Manuel Lara por 100.000 pesetas, lo que sería el inicio del Grupo Planeta.

Pese a los tiempos difíciles que corrían, Janés no renunció nunca a editar libros bien hechos. Sus primeros libros, en la colección "Grano de Arena", fueron de formato pequeño y pocas páginas, a fin de salvar las restricciones de papel. En ella publicó a autores como Baring, Wells, Joyce, Colette y Pirandello, que ya había publicado en catalán antes de la guerra. Poco a poco, se fue atreviendo a más y en 1959, el año de su muerte, ya había publicado un total de 1.600 títulos. Se suele decir que la biografía de un editor es su catálogo. En el caso de Janés, una ojeada a su último catálogo produce una gran admiración. En el catálogo él mismo hace esta declaración de principios: "Un afán de constante superación y un decidido empeño en que el lector español esté siempre à la page en todo cuanto concierne a las inquietudes literarias de estos días nuestros. Demostración definitiva de ello es la ininterrumpida publicación de las colecciones 'Maestros de Hoy', 'Los Premios Goncourt de Novela' y 'Los Premios Pulitzer de Literatura', y la reanudación, pongamos por ejemplo, de otra de las que consiguieron un mayor prestigio: 'Los Escritores de Ahora'".

Sus colaboradores lo recuerdan siempre con problemas económicos, luchando por conseguir créditos para no tener que cerrar. "Soy un hombre de letras", solía decir Janés con humor, "pero de letras de cambio". Y también: "Voy en bicicleta y no puedo parar. Si paro, me caigo. Por tanto, tengo que seguir publicando para no hundirme". En las numerosas colecciones de José Janés Editor publicó, entre otros, a Homero, Leopardi, Tolstoi, William Saroyan, Stefan Zweig, Mika Waltari, Giovanni Papini, Lajos Zilahy, Somerset Maugham, André Maurois, Thomas Mann, Marcel Proust, Rudyard Kipling, Maurice Baring, François Mauriac, Maxence van der Meersch, Chesterton, Aldous Huxley, Knut Hansum, H. G. Wells, Luigi Pirandello, Virginia Woolf, Ernest Hemingway, John Dos Passos y un largo etcétera. Publicó los premios Pulitzer y Goncourt, ediciones lujosas y baratas, novela policíaca y de humor (Woodehouse). Incluso se atrevió, en una época de simpatías germanófilas, a publicar las memorias de Churchill y de Eisenhower. Entre los autores españoles, publicó a Camilo José Cela, Mercedes Salisachs, Antonio Gil, Francisco Candel y Noel Clarasó.
Janés tenía fama de ser amigo de todo el mundo y un buen vividor. Halagaba a sus autores en su lujosa casa de Pedralbes y tenía unos cuantos coches a su disposición. Murió en 1959, precisamente en un accidente de coche en Santa Margarida i els Monjos. Tenía sólo 48 años. Su editorial la compró Germán Plaza, que lanzó a partir de entonces la marca literaria Plaza y Janés.


 

"Pese a los tiempos difíciles, Janés nunca renunció a editar libros bien hechos. Sus primeros libros, en la colección 'Grano de arena', fueron de formato pequeño y pocas páginas, a fin de salvar las restricciones de papel".

 

Sobre estas líneas, Josep Janés en 1938, visto por Francesc Domingo. Arriba a la derecha, un título de los primeros años de Planeta, empresa originada en la editorial Tartessos, de Félix Ros, y un moderno best-seller de Plaza & Janés. A la derecha, sede del Grupo Mondadori, actual propietario de la editorial.

 


LUIS DE CARALT

fue otro editor importante de la primera posguerra. Falangista, coleccionista de arte y concejal del Ayuntamiento de Barcelona, fue él quien se inventó los premios Ciutat de Barcelona y quien publicó a autores como William Faulkner, Graham Greene, Jack Kerouac, Simenon, James M. Cain, Constantin Virgil Gheorghiu o Mario Lacruz.
La familia de Luis de Caralt no tenía ninguna relación con el mundo editorial. Su abuelo, José de Caralt Sala (1862-1944), era un industrial y político liberal que fue nombrado conde de Caralt en 1916. Pero a Luis le atraía la literatura y decidió fundar en los años cuarenta una librería, situada en La Rambla de Barcelona, y una editorial. En una entrevista publicada en el 25º aniversario de la editorial, Caralt se mostraba orgulloso de haber publicado 1.500 títulos en 25 años y señalaba que el libro del que estaba más satisfecho era La hora veinticinco, de Constantin Virgil Gheorghiu, todo un best-séller de la época.
Caralt empezó en 1942 publicando dos títulos de autores españoles sobre la guerra civil: Mis amigos eran espías, de Luis Antonio de Vega, y No éramos así, de José María García Rodríguez. Pero al cabo de un año ya sacó las colecciones "Gigante", "Cultura Histórica" y "Vida Vivida", en las que abundaban los autores extranjeros. Fue el primer editor de Graham Greene y de Georges Simenon en España, pero publicó también algunos libros filofascistas, como la biografía de Hitler y obras del Conde Ciano y de Mussolini. Su catálogo también incluía obras de los falangistas Juan Aparicio y Luys Santamarina, además de mucha novela policiaca.

Examinando el catálogo de Caralt, se ve que mezclaba la literatura de calidad con la literatura comercial. Así, encontramos juntos los nombres de Pearl S. Buck, Jack Kerouac, Evan Hunter, James Jones, Harold Robbins, Frank G. Slaughter, Victoria Holt, Daphne du Maurier, Cecil Roberts, Alan Sillitoe, Virginia Woolf, Herman Hesse, Thomas Mann, Michel del Castillo, Georges Simenon, Jorge Amado, Soljenitsin y Constantin Virgil Gheorghiu. Caralt también publicó una colección de novela histórica y, a partir de 1947, la colección "El Club del Crimen", que anunciaba así: "Las novelas policiacas se visten de tela y lujo". En la colección dedicada a "Las Novelas de Maigret" llegó a publicar 78 títulos del autor belga.
La librería de Luis de Caralt, situada en el número 1 de la Rambla dels Estudis de Barcelona, fue un punto cultural importante de Barcelona. Allí se podían encontrar libros extranjeros, y su boletín Panorama literario contaba con colaboradores como Josep Maria Castellet, Carlos Pinilla de las Heras, J. M. de Martín y Manuel Sacristán, que más tarde formarían grupo en torno a la revista Laye.

 





A la izquierda, una publicación de 1948 de Luis de Caralt, editor que tuvo un papel fundamental en la posguerra en cuanto a difusión de la literatura extranjera. A la derecha, un moderno éxito de la editorial Caralt, hoy fusionada con Noguer.

 



JOSEP VERGÉS

Josep Vergés, a través de Ediciones Destino, desempeñó por su parte un papel clave en la recuperación del prestigio de los autores españoles. El origen de la editorial está en un grupo de catalanes que se pasaron al bando franquista, en Burgos, durante la guerra civil. De hecho, su órgano fue la revista del mismo nombre, que llevaba el subtítulo de "Semanario de la Falange Española Tradicionalista y de las JONS". Una vez de vuelta en Barcelona, con el franquismo triunfante, relanzaron la revista y nació la editorial, en principio vinculada a la revista. "Es imposible entender la editorial si no se habla de la revista", decía Vergés poco antes de su muerte.

Aunque los primeros libros de Destino tuvieron un carácter político, poco a poco la editorial se fue decantando hacia la literatura y a partir de 1942 empezó a publicar la prestigiosa colección "Áncora y Delfín". El primer título de la colección fue un libro de Azorín, Cavilar y contar, al que siguieron Cumbres borrascosas, de Emily Brontë, y Viaje en autobús, de Josep Pla. El número 27 de la colección "Áncora y Delfín" fue un libro que contribuyó a renovar el interés de los lectores por la novela española y a estimular la publicación de los autores del país. Se trataba de Nada, de Carmen Laforet, el primer Premio Nadal.

En vista del desolador panorama que ofrecía en los años cuarenta la novela española, los editores de Destino decidieron fundar un premio para estimular su creación. Le pusieron el nombre de Nadal, en recuerdo del periodista Eugeni Nadal, fallecido el 10 de abril de 1944, y el 5 de agosto de aquel mismo año salió en la revista el anuncio del nuevo premio. No obstante, debe decirse que antes de la convocatoria del Nadal, Mariona Rebull, una novela publicada en Destino por Ignasi Agustí, ya se convirtió en un inesperado best-séller y en el primer gran éxito de la novela española de los años cuarenta.
En su libro de memorias, Ganas de hablar (Planeta), Ignasi Agustí explica en detalle cómo fue la publicación en Destino de Mariona Rebull y cómo surgió la idea del Premio Nadal. Agustí, que estuvo dos años de corresponsal de la revista en la ciudad suiza de Ginebra, volvió a Barcelona en 1944 con el manuscrito de Mariona Rebull bajo el brazo. "Tardé aún unos meses en publicar Mariona Rebull", escribe. "En la colección 'Áncora y Delfín', a que fue destinada, no se creía demasiado en los libros españoles. La verdad es que en los libros españoles no se creía en ninguna parte. Baroja era un autor de dos o tres mil ejemplares de salida. Azorín ni eso. Tal vez sólo Fernández Flores hubiera vendido algo más de cinco mil ejemplares a la salida de algunas de sus obras. La tirada normal de la primera edición de una novela era de dos mil a tres mil ejemplares."

La primera edición de Mariona Rebull fue de 2.500 ejemplares y el éxito fue fulminante. "A la semana siguiente hubo que hacer una segunda edición", explica Agustí, "ésta ya de cinco mil ejemplares. Luego otra y otras". A su regreso de Suiza, Agustí se fue a vivir a Sitges y fue allí donde tuvo la idea del Premio Nadal. "Entretanto, yo había animado a mis compañeros de Destino a fundar el Premio Nadal", escribe. "Una vez, estando en Madrid, pocos meses antes, me habían presentado en el Café Gijón a una señorita que había escrito una novela. Le dije que fuera a verme, que la leería con mucho gusto y que si era digna de publicarse, se publicaría, lo que se dice en estos casos. La señorita se llamaba María Dolores Boixadors, era natural de Sort, tenía mucho encanto, recuerdo ahora que tenía unas manos bellísimas y una faz pálida semejante a aquellas figuras femeninas que pintara Parmigianino. Cuando hablamos me explicó que había escrito la novela porque el fenómeno de la guerra civil le había dejado un poso de sentimientos y vivencias que necesitaba explicar de algún modo y que aquel era el resultado de ese impulso de sinceridad. La novela se llamaba Aguas muertas. Después de considerarla, llegué a la conclusión de que en la versión que su autora me había ofrecido no era publicable. Lo peor de todo era que tampoco le veía yo una solución con retoques epidérmicos. El tema era bueno -no era malo-: el estilo era, a veces, tosco, pero atrayente a la lectura, había en ella fragmentos de alguna calidad. Pero no podía ser publicada ni retocada. ¿Qué hacer?

"Durante unos días pensé en el caso de la muchacha. Muchos de los avatares que ella contaba vividos durante la guerra eran para mí pura novedad, absolutamente desconocidos. Existía, pues, una guerra civil distinta a la que yo había vivido. Por otro lado, pensaba en el impulso de sinceridad de que ella me había hablado. ¿Y si su caso no fuera el único? Es más, lo más probable es que su caso fuera uno entre tantos. Probablemente habría en España muchos escritores que no sabían que lo eran y que tenían ya su novela en trance de aflorar. ¿Podríamos despertar docenas de novelistas dormidos en los rincones anónimos del país?

"Yo acababa de publicar una novela de la que en pocos meses se habían vendido millares de ejemplares. Había, pues, un público ávido de leer verdaderas narraciones de un tono autóctono y cercano. Estaba decidido: debíamos convocar un premio de novela para sacar a la luz todas esas posibilidades".
Agustí escribe que explicó su idea a Josep Vergés y a Joan Teixidor, sus socios en Destino, y decidieron convocar el premio y bautizarlo con el nombre de Eugeni Nadal. Para las bases, Agustí se inspiró en el premio Crexells y formaron el siguiente jurado: Ignasi Agustí, Joan Teixidor, Josep Vergés, Juan Ramón Masoliver y Rafael Vázquez Zamora. La noche escogida para hacer entrega del premio fue la del 6 de enero. Agustí lo justifica así: "Aquel año todavía no podía apreciar el acierto que había yo tenido al elegir la fecha del concurso. Me había costado algunos días de reflexión. Pero elegí la noche del día de Reyes considerando la enorme fatiga con que se llega al término de lo que llamamos las Fiestas de Navidad. La burguesía llega al término -el 6 de enero en que culminan- harta de pavo relleno, de champaña familiar, de aullidos de chiquillería, de regalos a la suegra, de llantos, quejidos, disparos de pacotilla, toques de corneta infantil y con ansia de desatar tantos lazos familiares… La gente después de aquel día agobiante, que es el último de los muchos días agobiantes transcurridos desde que se recibieron los primeros christmas, lo que quiere es salir a la calle, abandonar los fantasmas domésticos, saltarse el dominio de los lares, ver a gente distinta, comer en común para comentar y hablar de otras cosas. Pero no estaría del todo bien irse a una boite, todavía, o lanzarse a una "farra" como si tal cosa. Las jornadas prudentes de la exaltación familiar son tan inmediatas que no hay nada mejor que una fiesta de cierto tono, aureolada de un elevado prestigio intelectual y cultural. Quizá fuera un modo de pasar de la vida religioso-gastronómica de la Navidad española a la vida socio-económica normal por medio del diccionario de la lengua. Yo estoy convencido de que la mitad del éxito del Premio Nadal y, por tanto, de los premios literarios españoles, ha sido debido a la oportunidad gástrica y social de la fecha elegida".

El éxito de Nada, la primera ganadora del premio, fue determinante para el futuro de la editorial. Entre los ganadores de los años siguientes figuran: José María Gironella, Miguel Delibes, Sebastián Juan Arbó, Elena Quiroga, Luis Romero, Sánchez Ferlosio, Carmen Martín Gaite, Ana María Matute, Álvaro Cunqueiro, Jesús Fernández Santos, Francisco Umbral y muchos más. No todos son conocidos ni todos presentaron grandes novelas, pero el conjunto del premio lo acredita como uno de los grandes de la novela española. Unos años después, a partir de 1952, el editor José Manuel Lara quiso reeditar este éxito con el Premio Planeta, aunque apostando por una línea más comercial. Más tarde, en 1958, sería el Premio Biblioteca Breve, de la editorial Seix Barral, el que se plantearía buscar un nuevo tipo de novela española.

Destino fue, por tanto, un gran incentivo para los autores españoles. En 1968, la editorial creó el premio Josep Pla, destinado a obras en prosa escritas en catalán. El primer ganador fue un joven Terenci Moix, y en los años siguientes se sumarían los nombres de Baltasar Porcel, Tomàs y Teresa Pàmies, Gabriel Janer Manila, Llorenç Villalonga, Marià Manent, Enric Jardí y un largo etcétera. La obra más importante en lengua catalana publicada por Destino son, sin duda, los 45 volúmenes de la Obra Completa de Josep Pla (1897-1981), que Vergés comenzó a publicar en 1966.

Destino publicó también en los años del franquismo a muchos autores extranjeros, entre los que figuran el húngaro Sándor Márai, que con su novela El último encuentro tuvo un regreso espectacular a la España del año 2000 en la editorial Salamandra. Lobsang Rampa, George Orwell, Saul Bellow, Bohumil Hrabal, Doris Lessing, Naguib Mahfouz y Gilbert Cesbron son otros de los autores extranjeros de Destino. No obstante, la fama de la editorial quedó cimentada en nombres de peso como Miguel Delibes, Camilo José Cela, Rafael Sánchez Ferlosio, Fernando Arrabal, Álvaro Cunqueiro, Jesús Fernández Santos, Ramón J. Sender, Gonzalo Torrente Ballester, Francisco Umbral, José Luis Sampedro, Sender y Josep Pla.

 

 

"Aunque los primeros libros de Destino tuvieron un
carácter político, poco a poco la editorial se fue
decantando hacia la literatura y a partir de 1942 empezó a publicar la prestigiosa colección 'Áncora y Delfín'".

 

Arriba, el jurado del primer
premio Nadal -Vergés es el segundo por la izquierda-, y el periodista Eugeni Nadal. Junto a estas líneas, obras de dos autores característicos de la editorial, Pla y Martín Gaite, y un título reciente.

 


CARLOS BARRAL
Carlos Barral fue un editor renovador que contribuyó con sus libros a cambiar el ambiente apagado de la época y a abrir nuevos caminos para la novela española. A partir de la editorial familiar, Seix Barral, supo abrirse camino hacia un nuevo tipo de libro y con los Encuentros de Formentor contactó con escritores y editores extranjeros para internacionalizar el mundo de la edición. Otra aportación suya fue la de cruzar el Atlántico con la invención del famoso boom de la novela latinoamericana.

Carlos Barral, nacido en Barcelona en 1928, estudió Derecho en la Universidad de Barcelona. Allí coincidió con literatos como Jaime Gil de Biedma, Jaime Ferrán, Alfonso Costafreda, Alberto Oliart y Josep Maria Castellet, con los que formaría el grupo llamado Generación de los Cincuenta o Escuela de Barcelona. Finalizados sus estudios, en 1950, Barral se incorporó a la editorial de la familia, nacida como empresa impresora en 1914. En 1945, Seix Barral había emprendido un nuevo camino con la publicación de una enciclopedia de vida cristiana, una colección de ciencias médicas y una historia de la cultura en muchos volúmenes. Desde su llegada, sin embargo, Barral pensó que era necesario crear una colección para publicar novelas y libros de pensamiento actuales. Por ello se unió a Joan Petit, un hombre muy culto que dominaba las lenguas clásicas y que había sido catedrático de latín en la Universidad Autónoma antes de la guerra civil. Otro aliado suyo fue Víctor Seix, heredero de la otra familia propietaria, con quien formaron un buen tándem. Atrincherado en el "cuarto de los sabios", Barral contó con Petit y Víctor Seix para tirar adelante su proyecto. Poco a poco, fue añadiendo otros amigos a estas reuniones literarias. Entre otros, se sumaron a ellas Josep Maria Castellet, Jaime Salinas, Jaime Gil de Biedma, Antonio Vilanova, Gabriel Ferrater y los hermanos Goytisolo.

En 1954 nació su gran apuesta, la "Biblioteca Breve", una colección que abriría la puerta a una literatura de vanguardia europea, etiquetada como nouveau roman, y a otras literaturas. En 1958, la creación del Premio Biblioteca Breve sirvió a Seix Barral para publicar a nuevos autores españoles. Los nombres de Juan García Hortelano, Juan Marsé, Luis Goytisolo, Mario Vargas Llosa y Juan Benet pusieron un listón muy alto para este premio que buscaba una literatura comprometida con la realidad social del momento. Después de asistir al homenaje a Antonio Machado en Cotlliure, en febrero de 1959, Barral decidió apostar abiertamente por la novela de realismo social, en la que ve un compromiso con la oposición de izquierdas.

Ante la pregunta que le plantearon recientemente sobre si el realismo social fue una operación editorial de Seix Barral, Jaime Salinas respondía: "Fue una operación editorial que si bien podía haber funcionado en Italia porque había escritores e intelectuales de altura, en España no… Recuerdo que un fin de semana Carlos Barral me pasó un planteamiento de novela de un autor terrible. Era una novela de una gran ingenuidad: un capitalista con sombrero de copa, una pobre engañada… Le dije: 'Carlos, ¿por qué tenemos que publicarlo?' Y él me contestó: '¿No ves que con esto nos cargaremos el régimen?'. Carlos era así, afortunadamente. Funcionaba por intuición, por capricho. La deuda de la edición española con Carlos es inmensa, porque resucita un tipo de edición que había desaparecido durante el franquismo, y lo hace en medio de muchas dificultades."

En mayo de 1959, Barral organizó los primeros Encuentros de Formentor. Estos encuentros sirvieron para reunirse, primero en Mallorca y después en otros lugares, con trece editores de todo el mundo. Entre los invitados estaba el alemán Rowohlt, el italiano Einaudi, el francés Gallimard y editores suecos, ingleses, norteamericanos, etc. Entre los autores, se encontraban nombres como el italiano Elio Vittorini, los franceses Alain Robbe-Grillet y Michel Butor y un grupo de españoles: Camilo José Cela, Mercedes Salisachs, Miguel Delibes, Carmen Martín Gaite, Gabriel Celaya, Castillo Puche, López Pacheco, Juan y Luis Goytisolo, Joan Fuster, Gabriel Ferrater, Josep Maria Castellet, Joan Petit y José María Valverde.

El mérito de aquellos Encuentros de Formentor, a los que se sumarían otros nombres en el futuro, fue el de abrir la edición española al ámbito internacional. El procedimiento de apertura funcionó en dos sentidos: los autores españoles encontraron vías para publicar en el extranjero y los autores extranjeros interesados encontraron en Seix Barral un canal importante para publicar en España. Vinculado a los Encuentros, nació el Premi Internacional Formentor, que premiaría a autores de la talla de Beckett, Borges, Uwe Johnson, Gombrowicz, Nathalie Sarraute, Gadda, etc. De todos modos, la censura acabó cargándose, en 1962, los Encuentros, que se vieron obligados a sobrevivir durante unos años en el exilio en diversos países europeos.
De entre los autores españoles publicados por Seix Barral en los años sesenta, destacan Caballero Bonald y García Hortelano, por un lado, y Luis Martín Santos, Juan Marsé y Juan Benet por otro. Con Tiempo de silencio, Martín Santos publicó una de las mejores novelas de la posguerra española, mientras que Marsé fue finalista de la Biblioteca Breve en 1960 con Encerrados con un solo juguete y lo ganó en 1965 con Últimas tardes con Teresa. Juan Benet lo ganó a su vez en 1969 con Una meditación. A estos dos autores quizás deberíamos añadir a Juan Goytisolo. Su novela Reivindicación del conde don Julián fue ignorada por el jurado en 1969, según parece porque se encontraba en estado embrionario.

La publicación, en 1962, en la colección "Biblioteca Breve", de La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa, marcó una nueva vía para la política editorial de Seix Barral. Aquella novela abrió la puerta al boom latinoamericano, que llevó a la editorial a autores como Carlos Fuentes, Guillermo Cabrera Infante y José Donoso. Por otro lado, Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, dio el empuje definitivo al grupo. Por cierto, que esta novela fue ignorada por Barral, que la dejó en un cajón sin saber valorarla. Al final la publicó Sudamericana en Argentina y se convirtió en un éxito aplastante. Con el boom surgió la figura de Carmen Balcells, que desde su papel de agente luchó por unos contratos dignos, cosa que en aquellos tiempos se dejaba de lado, y por unos adelantos a cuenta de derechos de autor cada vez más altos.

La muerte de Víctor Seix, atropellado por un tranvía en Frankfurt en 1967, supuso el inicio del fin de Barral. El equilibrio de las familias propietarias de Seix Barral se rompió y la vida se hizo cada vez más difícil para el editor. En 1969 se vio obligado a dejar la editorial y en 1970 fundó una nueva, Barral Editores. Allí creó el premio Barral y publicó libros con su característico buen gusto. Pero la aventura no duró demasiado. Los altibajos económicos acabaron dictando sentencia y las actividades de la editorial tuvieron que cesar en 1976. En 1981, Barral aún resurgiría, al amparo de Argos Vergara, con la "Bibliotheca del Fenice", pero ya no sería lo mismo. En 1984, Carlos Barral afirmaba en una entrevista: "Mi carrera editorial ha acabado. No quiero continuar haciendo de editor. Ya he hecho todo lo que quería hacer… Prefiero la política". A partir de 1982, Carlos Barral se había convertido en senador socialista por Tarragona, y sería más adelante parlamentario europeo. Murió en 1989, a los 61 años, después de dejar unos cuantos libros de memorias excelentes.

"En 1954 nació la gran apuesta de Barral, la 'Biblioteca Breve', una colección que abriría la puerta a una literatura de vanguardia europea y a otras literaturas".

A la izquierda, un joven Carlos Barral. Arriba, Jaime Gil de Biedma y José Agustín Goytisolo, habituales de las reuniones literarias de Barral, con el editor Herralde y la escritora Carme Riera
Al lado, Mario Vargas Llosa.

 

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