Ajuntament de Barcelona
Institut de Cultura de Barcelona
Plan Estratégico de Cultura 2006
Nous Accents de Cultura 2006

Las ciudades del siglo XXI reúnen a personas nacidas en otros lugares, con los que mantienen filiaciones estrechas y contactos constantes. Las ciudades del siglo XXI son multiculturales. Vivir en una ciudad significa vivir con extranjeros, es decir, con personas con las que no necesariamente compartimos la historia, los referentes, los símbolos, etc. En la historia ha sido siempre así, y la mundialización actual sólo acentúa y acelera un fenómeno que no es nuevo en las ciudades.

Hoy, las ciudades se plantean de qué manera el reconocimiento de la diferencia no tiene que producir discriminación y cómo se generan las mejores condiciones para que el «territorio» de la ciudad genere nuevas indentidades compartidas. En este sentido, la Agenda 21 de la cultura, por ejemplo, señala que es necesario tanto «la continuidad y el desarrollo de las culturas locales originarias, portadoras de una relación histórica e interactiva con el territorio», como «la expresión y la participación de las personas con culturas procedentes de la inmigración o arraigadas originariamente en otros territorios», dado que «este compromiso recíproco es el fundamento de los procesos de convivencia e interculturalidad que, de hecho, aunque sin este nombre, han contribuido a configurar la identidad de cada ciudad».

Barcelona ha aumentado el número de residentes nacidos en el extranjero, desde 29.354 personas en 1996 (el 1,9% de los residentes) a las 260.058 empadronadas en 2006 (el 15,9%). Este hecho comporta un cambio sustancial en la percepción de la ciudad por parte de los propios habitantes, en las prácticas culturales y en las estrategias de los agentes de la cultura.

El paso de las generaciones y la llegada de nueva población obligan a reformular, periódicamente, el pacto social sobre el que se construyen las ciudades. Barcelona ha basado su desarrollo en los últimos 25 años en un pacto social que tenía unas bases culturales que hoy es necesario repensar y proyectar hacia el futuro con unos horizontes temporales suficientemente amplios.

Hay que analizar, por ejemplo, la participación de la ciudadanía en los equipamientos y los acontecimientos culturales. Por un lado, nos encontramos con un grueso significativo de consumidores y practicantes intensivos de la cultura, hacia los que se orienta la mayor parte de la oferta de equipamientos culturales de la ciudad; por otro lado, nos encontramos con una parte importante de la población no usuaria de la cultura relacionada con un «equipamiento cultural» (aunque quizá es consumidora cultural en su casa). Si es necesaria una mayor amplitud social de la participación en la cultura, entonces los proyectos encaminados a la generación de nuevos públicos y la relación entre los ámbitos y las instituciones de los mundos de la educación, el bienestar social, la cultura y el territorio se convierten en prioritarios.