Pintura contra el tiempo

En los últimos años se produce un retorno al autorretrato, básicamente a través del grabado y a manera de balance vital. Este género desplegará una narratividad inédita en el óleo y le facilitará a Picasso la creación de composiciones corales de amplio recorrido iconológico y diferentes niveles de lectura. Las series de autorretratos más destacadas pertenecen a la Suite 347 y a la Suite 156, realizadas cuando Picasso tenía entre 86 y 90 años. Su iconografía bascula desde la cita de los grandes maestros y la autoparodia hasta la recreación del mundo circense, grotesco y femenino: su theatrum mundi. El artista se convierte en un espectador que recrea su propio submundo adoptando toda suerte de personalidades, ya sean las de un viejo impotente, un turista o un recién nacido, superando ampliamente el concepto de autorretrato. En el verano de 1972, meses antes de su muerte y a pesar de una evidente devastación física, insistió en legarnos una inquietante serie de autorretratos que constituyen la postrera manifestación del legendario «Yo» picassiano.