El artista y la modelo

Michel Leiris consideraba el tema del artista y la modelo picassiano «un género en sí mismo». Sin embargo, Picasso raramente se autorretrató con su propio rostro, sino que utilizó arquetipos procedentes de la iconografía artística, operando una de las clásicas metamorfosis picassianas que solo en ocasiones podemos descodificar en clave autorreferencial. Sabemos que el escultor de la Suite Vollard de los años treinta o el pintor de la Suite Verve de los cincuenta, por razones diferentes, responden a un correlato biográfico. En los últimos años de su vida Picasso incidió en un tema estructural, la imagen del artista, en realidad, una sublimación de su propia personalidad; pero no le interesaba tanto la idea de autorrepresentarse como la voluntad de reflexionar sobre la imaginería del creador. De todas formas, a menudo jugó con el equívoco y podemos distinguir diversas categorías en función del nivel de remisión a su fisonomía: el autorretrato explícito ─el menos habitual─; el autorretrato con elementos o facciones evocadoras y el autorretrato simbólico.