Presencia y ausencia

Coincidiendo con la vinculación de Picasso con el surrealismo, aparecerán nuevas formas de autorrepresentación más crípticas y sutiles. Estamos ante una imaginería de presencia y de ausencia que aglutina la producción autorrepresentativa de un periodo considerable. Hacia finales de los años veinte Picasso inicia una serie de óleos donde el perfil sombreado del artista se confronta en ocasiones con una figura monstruosa de naturaleza surrealista. La sombra y el perfil a menudo son utilizados como proyecciones de situaciones domésticas que le interesa mantener en secreto. A principios de los cincuenta, con Sombra sobre la mujer, metáfora del abandono de Françoise, se confirma el papel de la sombra en épocas de problemática personal. Este recurso pervivirá, con diferente intensidad, hasta los últimos años. Paralelamente el género se expandirá hacia otras disciplinas, como la cerámica, el grabado o los libros ilustrados, donde realizó incluso un autorretrato como escritor.