Barcelona, fábrica de autorretratos

Picasso afirmó que «la pintura no es una cuestión de sensibilidad; es preciso usurpar el poder; hay que ocupar el lugar de la naturaleza y no depender de las informaciones que nos ofrece». Pronto adoptó un método muy personal para representarse a sí mismo, de forma que ya en los primeros autorretratos eludió el sentido imitativo propio del género, prescindiendo de su fisonomía real. Este primer ámbito analiza el autorretrato centrado en el rostro, la vertiente del género que protagonizó el comienzo de su trayectoria. En algunas obras se detecta todavía la influencia de la formación académica, patente en los ocres de la paleta de los años de Llotja, pero a su vez evidencia las maneras antiacadémicas de propias de una acusada personalidad. En este proceso iniciático destacan tanto la necesidad de afirmación como un formidable dominio de las técnicas dibujísticas. Una parte considerable de los autorretratos de juventud los realizó en Barcelona, adonde llegó con trece años, siendo este periodo el único en que este género fue realmente sustancial dentro de su obra.