Entre Rotterdam y París. Años de Formación
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Van Dongen, mientras estudiaba en la Academia de Artes y Ciencias de Rotterdam, realizó sus primeros cuadros en tonos oscuros, a la manera de Rembrandt, el maestro del claroscuro. En sus obras de juventud, realizadas a mediados de la década de 1890, Van Dongen muestra afinidades personales con la pintura de Jozef Israël, el “Rembrandt del siglo xix”. Después, Van Dongen realizó una serie de paisajes holandeses en el Voorhaven de Delfshaven, un barrio del siglo xvii, situado a la entrada del puerto de Rotterdam, donde vivió la familia del pintor.

La paleta del artista comienza a iluminarse, y estas composiciones ya delatan un sólido talante modernista, inspirado en los encuadres de la fotografía y el cine (Zelandesa). En este contexto de juventud, la realización, en 1895, de Autorretrato o Autorretrato en azul y Caballo pío, verdaderos manifiestos pictóricos modulados bajo el signo de la autorrepresentación y la alegoría, son precursores de su excepcional destino.

Cuando Van Dongen se trasladó definitivamente a París, en 1899, decidió instalarse en la colina de Montmartre, donde pintores pobres de tres al cuarto, coristas de revistas musicales y cabarets, prostitutas, marginales de toda clase y burgueses extraviados formaban una sociedad subterránea que acabaría inspirando su universo gráfico y pictórico.

París, el dibujo
Sala 2

Van Dongen abandonó el estilo simbolista de sus inicios (ilustraciones para la revista De Vrije Kunst) por un realismo de fuertes connotaciones sociales, que alcanzó su punto álgido con sus dibujos sobre la guerra de los Boers realizadas para la revista satírica holandesa De Ware Jacob.

Van Dongen desarrolló a partir de esta época una marcada predilección por el carácter pintoresco de los distritos rojos de Rotterdam, Amberes, Amsterdam y París, con sus casas de citas con farolillos rojos y sus mujeres públicas expuestas en las vitrinas. El dibujo le permitía observar sin ser visto y realizar escenas de marcado realismo. Así lo recordaba el artista: “Alquilé una habitación en una de aquellas casas. Allí dibujaba mis tonterías, a la luz de un quinqué.”

En París dejó de pintar, entre 1900 y fines de 1903, posiblemente por imperativos económicos. En esos años, gracias a Théophile Steinlen, comenzó a colaborar con diarios satíricos (L’Assiette au beurre, Le Rire, L’Indiscret, Le Frou-Frou, etc). Ilustró un número completo de la revista L’Assiette au beurre (26 de octubre de 1901) , dedicado al tema de la prostitución y centrada en la condición de las prostitutas.

A través del dibujo, Van Dongen reforzó sus ideas políticas anarquistas, mientras iba ganando en madurez expresiva.

Del tachismo al fauvismo
Sala 3

En 1904 Van Dongen organizó su primera exposición individual en la galería de Ambroise Vollard, con más de un centenar de sus obras: cuadros con paisajes de Holanda, París y la costa normanda, una muestra significativa de los cuales puede verse en esta exposición.

Van Dongen se muestra aquí seguidor de sus contemporáneos, los impresionistas y Claude Monet, pero rápidamente se forja su propio lenguaje, definido por la turbulencia y el tumulto de colores y formas y tributario del divisionismo de Paul Signac y su compatriota Otto van Rees. Tachista convencido, Van Dongen extrema la utilización de la pincelada espontánea de color (un crítico definirá su estilo como “pinceladas yuxtapuestas como secando el pincel”). La serie El tiovivo de cerdos ilustra esta nueva y personal via del artista, que lo acercará al fauvismo.

Van Dongen presentó otras dos obras en el Salon d’Automne de 1905, que inspiró al crítico Louis Vauxcelles la célebre definición “Donatello chez les fauves” [Donatello entre las fieras], y casi simultáneamente expuso en la galería Druet un conjunto de cuadros marcados por lo que este mismo crítico definió como “torrenciales orgías de color”.

El periodo tachista de Van Dongen llegó a su apogeo con el lienzo monumental En la Galette, presentado en el Salon des Indépendants de 1906, una obra magistral concebida como un verdadero manifiesto en respuesta a la contribución de Henri Matisse. Posteriormente, el artista se vio obligado, para satisfacer la demanda del mercado, a dividir esta obra maestra en seis lienzos autónomos, tres de los cuales ha sido posible reunir en esta exposición.

*tachismo (del francés tache, mancha), tipo de pintura abstracta característica por el uso de toques de pintura o manchas irregulares de colores).

El Bateau-Lavoir. En compañía de Picasso y Fernande
Sala 4

A partir de 1905, Van Dongen vivió en el Bateau-Lavoir, un inmueble insalubre de la parte alta de Montmartre, junto con su mujer Guus y su hija Dolly. El taller que ocupaba estaba junto al de Picasso, y los dos artistas forjaron sólidos lazos de amistad. La compañera de Picasso, Fernande Olivier, ha dejado constancia en sus memorias (Picasso y sus amigos y Recuerdos íntimos) de lo estrechas que llegaron a ser las relaciones entre ambos y los miembros de su entorno.

Van Dongen y Picasso compartían el mismo gusto por “la elegancia provocadora y bárbara” de la mujer, un legado de la tradición de Baudelaire: verdaderos “pintores de la vida moderna”, les seducía el circo más que el teatro, y se sentían atraídos por el mundo de las prostitutas y las bailarinas de barracas de feria. “Barracas, domadores de perros, mendigos, también bandidos, quién sabe, ¡todos camaradas!”, reconocía Van Dongen.

Desde que se había instalado con Picasso en el Bateau-Lavoir, Fernande había dejado de trabajar como modelo para los pintores de Montmartre, una actividad que desarrolló en exclusiva para su amante, proverbialmente celoso. Tal vez debido a la breve separación de la pareja a fines de agosto de 1907, o a lo mejor porque Picasso acabó aceptando que Fernande trabajara en su domicilio, el caso es que Van Dongen pintó una serie de retratos de Fernande, de factura muy diversa, que se convirtió así en su modelo favorita, junto a su esposa Guus. A través del personaje de Fernande Olivier, Van Dongen revisa una serie de figuras femeninas y las proyecta en su nueva modelo, exaltando siempre la dimensión sensual: de la frágil y delicada cortesana a la recia española, pasando por la prostituta embotada por la absenta. Son exploraciones en el arte del retrato, que Van Dongen llegó a dominar magistralmente, definidas por encuadres muy ajustados y ángulos sorprendentes que hacen de esta parte de su obra un sutil cruce entre expresionismo pictórico y toma fotográfica.

Los años «fauves»
Sala 5

El lenguaje de Van Dongen fue evolucionando hasta adoptar una variante del expresionismo. Las escenas de júbilo colectivas del Moulin de La Galette o el baile de la Mattchiche dejaron paso con el tiempo a los retratos.

En el Bateau-Lavoir fue testigo, en 1907, del nacimiento de Les Demoiselles d’Avignon de Picasso, obra fundacional del cubismo. Van Dongen no participó en esta revolución plástica, aunque después dijo, para justificarse: “ un arte que se limite a ser sólo ciencia sería un suicidio”.

Su pintura, centrada cada vez más en la mujer, manifiesta un erotismo a contracorriente de su época. El poeta Guillaume Apollinaire reaccionó ante su obra poco menos que ruborizándose, y censuró con dureza al “pintor de las vergüenzas urbanas”. Élie Faure evocaba el calor que transmitían aquellos cuerpos, así como una bestialidad a la que acababa rindiéndose la inteligencia. Van Dongen no se cansaba de afirmar que la impudicia era una virtud. En aquel contexto de cambio radical y sin precedentes en las reglas de la composición pictórica occidental vigentes desde el Renacimiento, Van Dongen defendió sus propias orientaciones estéticas en un cuadro como Las luchadoras o Las luchadoras del Tabarin, en el que la redefinición de la espacialidad del lienzo está puesta al servicio más bien de la exaltación de la carne, el deseo, la feminidad y la ambivalencia del deseo sexual.

En 1908 Van Dongen expuso en la galería inaugurada por Daniel Henry Kahnweiler, quien le ayudó asimismo a exponer sus obras en Alemania, donde conoció a los pintores expresionistas alemanes del movimiento Die Brücke.

Exotismo
Sala 6

En el invierno de 1910-1911 Van Dongen viajó a España. Fue su primer contacto con la arquitectura mora, los palacios árabes y los minaretes de las mezquitas, el contraste entre las callejuelas sombrías y los muros encalados iluminados por el sol ardiente. Pero lo que atrajo a Van Dongen fue, sobre todo, los ojos de las andaluzas, el movimiento de los cuerpos de las bailaoras de flamenco con sus panderetas y ritmos endiablados, el colorido de los mantones de Manila con motivos floreados, todo lo cual puso en sus cuadros de esta época un toque «matissiano».

Esta parte de su obra, que lleva la impronta de sus viajes a países meridionales, apareció reunida, en junio de 1911, en su exposición de la galería Bernheim Jeune con el título: “Hollande, Paris, Espagne, Maroc”.

“Europeo o exótico, según le convenga ―escribía Apollinaire en 1913―, Van Dongen es personal y violentamente sensible al orientalismo. […] Esta pintura a menudo desprende un aroma a opio y ámbar”. Ese mismo año, Van Dongen viajó a Egipto y recorrió el Nilo hasta Tebas, donde posó en medio de las ruinas. El contacto con el Egipto de los faraones imprimió un giro a su obra, en la que destaca algo más que los temas y el colorido orientales. El artista retoma el dibujo para crear obras depuradas: aparecen trazos firmes y precisos, que a ratos recuerdan las caricaturas de sus inicios, y un lenguaje cromático basado en grandes superficies de color o monocromas.

En 1913, Van Dongen quiso poner el broche a este ciclo con una composición ambiciosa y provocadora: su Tableau o El chal español, obra de composición y descaradamente exhibicionista, que provocó tal escándalo que la policía ordenó retirarla del Salon d’Automne de ese año.

Los “années folles”
Sala 7

“El mundo es un gran jardín, todo él rebosante de flores, todo él lleno de malas hierbas. […] El atractivo de nuestra época es que permite mezclarlo y confundirlo todo: verdaderamente, es la época cóctel.” Son palabras de Van Dongen.

En 1912, el artista se trasladó a un taller de la calle Denfert-Rochereau, donde ofreció sus primeros famosos “bailes Van Dongen”. Autorretrato como Neptuno ilustra esta nueva y fugaz sociabilidad del pintor. Las siluetas femeninas se alargan y Van Dongen se transforma en el pintor por excelencia de la mujer de aspecto andrógino de los años de entreguerras, una mujer que, al liberarse de la tutela del marido, ocupa un lugar inédito en la sociedad. Gracias a su amistad con la marquesa Casati, figura excéntrica y célebre del París mundano de los années folles que aparece representada de espaldas en Pila con flores, y a su posterior relación con Jasmy Jacob, que en 1917 se convirtió en su compañera sentimental, Van Dongen se introdujo de lleno en los ambientes mundanos de la ciudad. Se mudó a la Villa Saïd, junto al Bois de Boulogne, y en 1922 se instaló en una lujosa mansión de la calle Juliette Lamber, que convirtió en un showroom consagrado a su obra. El rebelde de la colina de Montmartre se había transformado en una especie de Gran Gatsby. Proclive, como siempre, a la provocación, Van Dongen reconocía que se sentía atraído por “lo que brilla, el destello de las piedras preciosas, los visos tornasolados de las telas, las mujeres bellas que despiertan el deseo carnal […] y la pintura me brinda la más completa posibilidad de hacerme dueño de todo ello, porque a menudo lo que pinto es la realización obstinada de un sueño o una obsesión…” Édouard des Courrières, autor de la primera monografía sobre Van Dongen, publicada en 1925, prefiere destacar, por el contrario, una cierta distancia del artista, que hizo de él un moralista o un pintor historicista.

Kees Van Dongen i Barcelona
Vestíbulo - Text: Francesc Fontbona

El vacío informativo sobre Van Dongen en 1915-1916, debido sobre todo a la Primera Guerra Mundial, fue colmado parcialmente por la exposición individual del pintor en las Galeries Dalmau de Barcelona, del 26 de diciembre de 1915 a mediados de enero de 1916.

Van Dongen ya era conocido en Cataluña: entre otros, a él se habían referido Eugeni d'Ors, en el diario El Poble Català (19/8/1905), y Joan Sacs [Feliu Elias] ya le había dedicado un artículo en Revista Nova (4/7/1914).
Conocemos detalles de la exposición en la sala Dalmau por la prensa y también por un catálogo en forma de tarjeta que se conserva en la Biblioteca de Catalunya. Fueron mostradas siete obras de Van Dongen: Tanger, Vacances, Cousine, Le chrysanthème, Intérieur, Portrait de la Princesse Salomé Andreeif y Danseuse orientale.
Vell i Nou anunciaba (15/12/1915) al artista que "ha sabido interpretar con una dulce sonrisa el infierno del vicio y la perversidad de la vida en los bajos fondos de París", y La Veu de Catalunya recordaba (11/12/1915) "el lugar especialmente preeminente que ocupa entre las escuelas pictóricas más avanzadas".
La exposición fue bien recibida por L'Esquella de la Torratxa (14/1/1916) y la revista Themis, de Vilanova i la Geltrú (5/1/1916), donde J. F. Ràfols habló en detalle de Van Dongen, aunque no sin alguna reticencia de creyente excedido por lo artificioso del tipo de mujer, maquillada y frívola, retratado por el artista.
En Vell i Nou, Romà Jori escribió: "de la unión entre poetas simbolistas y pintores impresionistas nace esta pintura, que tiene en Van Dongen a uno de sus más sólidos representantes".

Josep Pla atestiguó que el éxito de público había sido considerable, y en 1960 le dedicó al pintor uno de sus "retratos de pasaporte". Asimismo, Pla recuerda que, según E. C. Ricart, la impresión que causó en Joan Miró fue enorme. Y afirma varias veces que la amistad entre Van Dongen y Dalmau era notable.