Museu Picasso

Sala

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La complejidad psicológica precoz de los retratos del joven Picasso anticipa una técnica del retrato más madura. En febrero de 1900, a los 18 años, el artista realizó en Quatre Gats una exposición de numerosos dibujos naturalistas, ejecutados con rapidez, de los asiduos a la taberna. También llevó a cabo caricaturas en miniatura, a partir de las cuales desarrollaba la imagen definitiva a través de múltiples bocetos. Con los marcos dibujados a mano, estaban pensadas para ser reproducidas en revistas, aunque finalmente solo unas cuantas llegaron a publicarse.

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En 1901 Picasso realizó su primera exposición en París. Los retratos de la época, como Bibi-la-Purée y Gustave Coquiot, reflejan su descubrimiento de Toulouse-Lautrec al romper el decoro con un tono vulgar y cómico y una tosca técnica pictórica. En 1904 se instaló en París de forma permanente y su círculo de amigos franceses se amplió gradualmente para incluir, entre otros, a Guillaume Apollinaire, André Salmon y Jean Cocteau. Como sus amigos barceloneses, fueron objeto de caricaturas ingeniosas y ocasionalmente escatológicas.

Jaume Sabartés fue retratado en más ocasiones que ningún otro amigo de Picasso

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Los retratos de Fernande Olivier reflejan la evolución dramática del arte de Picasso durante su relación, que empezó en 1905 durante su romántica época del «circo» y terminó en 1912 en pleno apogeo de la fase «analítica» del cubismo. A partir de 1914, llevó a cabo de forma ocasional obras con un lenguaje naturalista, y la experiencia de ver arte clásico y renacentista en Italia alentó ese desarrollo. También lo hizo el tipo de belleza de Olga Khoklova, su primera mujer, a quien conoció en 1917 y que despertó en él el recuerdo de las aristocráticas mujeres de los retratos de Ingres.

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El genio de Picasso para ajustar el estilo al modelo es ejemplificado por los tres retratos femeninos ejecutados en 1938. En el caso de Marie-Thérèse Walter, empleó el estilo sinuoso y curvilíneo que asociaba a una sensualidad voluptuosa; combinándolo con un modelado de tono suave, sugirió su delicadeza innata. Nusch Éluard, por el contrario, aparece representada como un mosaico de formas planas, finas y angulosas, con una aplicación tan débil del carbón que las zonas oscuras parecen translúcidas —el equivalente perfecto a la ligereza y delicadeza reales de su estructura ósea. Para el retrato de Dora Maar, Picasso optó por la tinta y una línea delgada: fluida, difícil de controlar, visualmente llamativa, la tinta se ajusta a su temperamento volátil.

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El genio de Picasso para el dibujo y la pintura monocromática no excluyó la alternativa del color llamativo y el patrón plano. Con su paleta vívida y abstracta y sus composiciones decorativas, las pinturas caricaturescas de Lee Miller y Nusch Éluard sonriendo maliciosamente recuerdan la estética de los carteles. Para el retrato de su entusiasta hija Maya, Picasso parodió el estilo del arte infantil. Sin embargo, en el retrato de Olga, pintado en 1935, cuando la relación de la pareja se acercaba a un amargo final, el estilo caricaturesco resulta en patetismo en lugar de comedia.La relación de Picasso con Dora Maar coincidió con la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial, y ella se convirtió para él en la encarnación del sufrimiento humano.

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Jaume Sabartés fue retratado e más ocasiones que cualquier otro amigo de Picasso. En conversación con él, Sabartés confesó que ansiaba ser representado como los caballeros de los retratos españoles del siglo XVI. Picasso respondió con una pintura tragicómica en la que los rasgos de Sabartés fueron sometidos a las distorsiones características de sus retratos durante los años de la guerra.

En los años cincuenta, el diálogo compulsivo de Picasso con la obra de sus artistas predilectos generó una extensa serie de variaciones de sus obras maestras. Trataba a los grandes maestros como compañeros constantes en su estudio y no dudaba en caricaturizarlos o parodiar su trabajo.

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Las Meninas

Picasso se negó a volver a España mientras Franco permaneciera en el poder, pero tras la guerra expresó su lealtad a los maestros españoles a través de su pintura. Su respuesta supuso una reinterpretación radical destinada a cerrar la brecha entre la época de ellos y la suya. El retrato de Françoise Gilot recuerda a la reina entronizada de los retratos reales de Velázquez: su sucesora, Jacqueline Roque, se muestra igualmente regia en el gran cuadro en el que aparece sentada a la sombra de una puerta que se abre sobre un jardín iluminado por el sol y una obra maestra de Velázquez, Las Meninas, fue el catalizador de una serie muy variada de pinturas.