Museu Picasso de Barcelona

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Daniel-Henry Kahnweiler: marchante y editor

02.12.2022 – 19.03.2023


Pablo Picasso. 'Retrat de Daniel Kahnweiler'. 1957. Col·lecció Centre Pompidou, París © Successió Pablo Picasso, VEGAP Madrid, 2022

Jacqueline Picasso. Pablo Picasso dibuixant el retrat de Daniel-Henry Kahnweiler a La Californie, Canes, 1957. Col·lecció particular. © Successió Pablo Picasso, VEGAP, Madrid 2022 © Coll. Jacqueline Picasso, VEGAP, 2022



En la historia del arte del siglo XX, la figura de Daniel-Henry Kahnweiler (1884-1979) es una leyenda. De origen alemán, eligió París para abrir su galería en 1907, en el número 28 de la rue Vignon. Las escasas exposiciones y presentaciones que organiza en ella hasta 1914 lo convierten en el marchante pionero del cubismo. Promotor de Georges Braque, Pablo Picasso, André Derain y Maurice de Vlaminck, y más adelante de Juan Gris y de Fernand Léger, Kahnweiler construye desde cero una red internacional de coleccionistas cubistas, como Hermann Rupf, Roger Dutilleul, Vincenc Kramar, Serguéi Shchukin y Gertrude Stein, y se rodea de los mejores críticos, como Guillaume Apollinaire, Wilhelm Uhde, Ardengo Soffici o Carl Einstein. Kahnweiler era también un literato que se hizo editor para reunir, en libros exquisitamente editados, a los poetas y los pintores del grupo cubista: Apollinaire y Derain, en L’Enchanteur pourrissant, en 1909; Max Jacob y Picasso, en Saint-Matorel, en 1910, entre otros.

El estallido de la Primera Guerra Mundial, en 1914, pone fin al auge de la galería y a la cotización del cubismo, pues la mayoría de los artistas de este movimiento son llamados a filas. Kahnweiler, que es pacifista, se refugia en Suiza bajo la protección de Hermann Rupf, pero el fondo de la galería es embargado como bien enemigo y se dispersa tras cuatro subastas que tienen lugar entre los años 1921 y 1923. En 1920 se inaugura, en el número 29 de la rue d’Astorg de París, una nueva galería que lleva el nombre del socio de Kahnweiler, André Simon, desde la que se sigue defendiendo a los artistas históricos de la galería, excepto Picasso, vinculado ahora a Paul Rosenberg, y a la que se incorporan nuevos nombres como el escultor Henri Laurens o los catalanes Manolo Hugué y Josep de Togores; al mismo tiempo, Kahnweiler se interesa y promueve nuevos talentos como André Masson, Élie Lascaux o André Beaudin.

Estalla la Segunda Guerra Mundial y en esta ocasión Kahnweiler, por su condición de judío, es uno de sus objetivos. El conflicto comportará el cierre de esta segunda galería, que resurgirá de sus cenizas en 1957, con el nombre de Louise Leiris, hijastra de Kahnweiler y casada con Michel Leiris. Tras el fallecimiento de Kahnweiler, en 1979, y de Louise Leiris, en 1988, la galería, ubicada en el número 8 de la rue Monceau, continúa la obra de Kahnweiler, en particular a través de exposiciones memorables dedicadas a Picasso.

  • La exposición Daniel-Henry Kahnweiler

    La exposición Daniel-Henry Kahnweiler, comisariada por Brigitte Leal, quiere mostrar la personalidad y la actividad de este «hombre de artes» excepcional en todas sus facetas: la de marchante, la de editor y la de escritor. El recorrido cronológico y temático se explicará mediante obras de artistas de las galerías de Kahnweiler, pero también se centrará en los puntos más relevantes de la existencia atormentada de su fundador: el impacto de las dos guerras, la relación con Alemania, la importancia del conjunto de sus escritos, la evolución de sus exposiciones, el lugar particular que ocupa en ella Picasso y el papel de este hombre reservado y singular.

    Además, el proyecto también pondrá en valor la relación de Daniel- Henry Kahnweiler con Cataluña a través de dos artistas a los que apadrinó, el escultor Manolo Hugué y el pintor Josep de Togores, pero sobre todo a través de la relación estrecha del marchante con la Sala Gaspar de Barcelona, sin la que no habría sido posible que el público barcelonés y catalán admirase, en plena dictadura, la obra de Picasso en territorio español. Las largas colas para entrar a ver la exposición de Picasso en 1960 en la Sala Gaspar han quedado fijadas en la memoria de la ciudad. Finalmente, este ámbito no podrá obviar el papel del alemán y su galería, la Louise Leiris, en la tirada de la obra gráfica original del artista y en el envío de ejemplares dedicados a Jaume Sabartés a su museo barcelonés. Sin su complicidad, el Museu Picasso de Barcelona no contaría hoy con la magnífica colección de obra gráfica que posee.





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