Museu Picasso de Barcelona

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  • Picasso erótico

    • Fecha Del 25 d'octubre de 2001 al 20 de enero de 2002
    • En cierto sentido, la obra de Picasso es completamente erótica: la creación siempre proviene de la pulsión sexual. Desde sus primeros dibujos, que relevan un interés precoz por la mujer, hasta los últimos, los que realizó algunos días antes de su muerte, visiones dislocadas y patéticas sel sexo femenino, la carrera del pintor se desarrolló bajo el sol de Eros -y a la sobre de Tánatos.

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      Sin embargo, en el núcleo de la inmensa producció del artista existe un conjunto de obras más directamente eróticas: se trata básicamente de dibujos y croquis de cuadernos, guardados en la intimidad de los cajones o de las colecciones privadas, pero también encontramos pinturas y esculturas. Y este es el aspecto que la exposición pretende desvelar. Presentada cronológicamente, permite seguir la evolución de los estilos y los contenidos de la obra de Picasso desde los inicios hasta el final, y muestra no sólo la constancia y la variedad sino la preeminencia de la mirada erótica, a veces crudamente sexual -esa "libido del ver", de la que habla Jean Clair.

      Según sus propias palabras, Picasso pasó muy deprisa de la infancia a la madurez sexual, sin vivir la adolescencia ni en su obra ni en su vida. De hecho, con motivo de la instalación de su familia en Barcelona y de su inscripción en la Llotja, donde se relaciona con companyeros mayores que él, y después en la Academia Real de Bellas Artes de Madrid en 1897, Picasso no tardó mucho en descubrir la vida nocturna de los cafés, timbas y burdeles que visita asiduamente y que esboza en sus cuadernos de dibujo. Pero también descubre los Caprichos de Goya y La Celestina, novela picaresca de Fernando de Rojas, de 1499, en los que se recrean las cultas de una vieja alcahueta. Viéndose a sí mismo como una especie de pícaro anticonformista y libre, Picaso recuperará a menudo el tema del amor venal y de sus representaciones.

      De vuelta a Barcelona en 1899, Picasso se pasa las noches con sus amigos en los burdeles del Barrio Chino. Se instala en París en octubre de 1900 y allí llevará una vida agitada hasta diciembre. Después de una nueva estancia en Barcelona y en Madrid en 1901, Picasso regresa a París. Entre los bocetos y dibujos de este período la mujer se ofrece de forma totalmente impúdica a los espectadores-contempladores que tiene delante. El dibujo a la tinta y con lápices de colores llamado Le maquereau recupera la misma composición.

      Picasso propone al especatdor de estas obras que ocupe el lugar de voyeur alucinado que ocupó personalmente o que deseó ocupar, intercambiando así los emplazamientos de la modelo y del visitante de la exposición o del burdel. Con la suite de estudios de 19076-1907 para Les Demoiselles d'Avignon (cuadro que al principio André Salmon, el amigo de Apollinaire y Picasso, intituló El burdel filosófico), el artista se aleja de las escenas veristas de sus dibujos anteriores para preparar la obra a la que más adelante se referirá com su "primera tela de exorcismo", en la que, invirtiendo los papeles, son las prostitutas las que examinan a los clientes ante los que se exhiben.

      Después de las obras austeras de su época cubista, Picasso retoma, en el períodod de entreguerras, la inspiración erótica de su joventud barcelonesa, pero a partir de caminos muy distintos. A lo largo de los años en que se acercó a los surrealistas, disloca y esculpe de nuevo los cuerpos, dispersando y remodelando sus órganos. La función sexual se piensa de nuevo a partir de elementos separados, pegados de un modo que podría parecer aleatorio pero que, en el fondo, es idealizante (Figuras a la orilla del mar, 1931). En otras obras de aire neoclásico, Eros triunfa impacablemente sobre los límites del cuerpo humano. El artista multiplica entonces las representaciones de raptos mitológicos y de violentos abrazos, a la vez que las escenas tauromáquicas o minotauromáquicas con un componente sexual muy evidente (Corrida: la muerte de la mujer torero, 1933); por otro lado, encontramos centauros, o el Minotauro, que agreden a mujeres y jovencitas desfallecidas (Minotauro violando a una mujer, 1933) o, súbitamente aplacados, las acarician mientras se entregan a los placeres de Baco (Escena báquica con Minotauro, 1933). Paralelamente a los cuadros y dibujos, las esculturas dan fe de la persistencia de una intensa inventiva plástica de inspiración erótica.

      En las décadas de 1950 y 1960 Picasso produce, en varios estilos y técnicas, numerosas obras sobre los temas del beso, el abrazo, el acoplamiento, la bestialidad, la exhibición o las bacanales, pero incluso entonces, la preocupación para incorporarlas a una tradición, aunque sólo fura para librarse de ella, no está nunca lejos, como puede constatarse en las variaciones inspiradas en Les femmes d'Alger de Delacroix o en La mujer que mea del 1965, que evoca la de Rembrandt. Es "La Galleta", la amante orgiástica de la obra de teatro que escribe en 1941, intitulada El deseo agarrado por la cola; también es el humor escatológico de los caganers que interpreta.

      En el ocaso de su existencia Picasso reanuda la vena erótica de su juventud, pero el voyeur (pasivo) ha dado lugar al contemplador (activo), es decir al director de escena, y esto se nota especialmente en su obra grabada. La suite Rafael y la Fornarina (1968) reinventa y teatraliza los retozos del pintor y de su modelo, bajo la mirada del papa Julio II, escondido tras una cortina, sentado en su trono o en su orinal; a veces están en presencia de Miguel Ángel oculto bajo el lecho de los amantes: los avatares de Picasso son innumerables.

      La suite La Maison Tellier, llamada Degas en casa de las chicas (1970-1971) participa de idéntico entusiasmo dramatúrgico y retozón, en el que el humor a pensas oculta la angustia del pintor que se enfrenta a las penalidades de la vejez. Muestra de ello es el aguafuerte sobre cobre intitulado El santo de la patrona. Estas señoras critican a Degas, reducido a un tercio de perfil. Notable meditación sobre la función erótica de la mirada y sobre los recuerdos de joventud como inagotable fuente de inspiración, estos grabados permiten saludar, por primera vez, los burdeles en que realizó su aprendizaje, a un tiempo sexual y artístico. El año siguiente, en octubre de 1972, Picasso dibuja cuerpos femeninos devastados por el tiempo. Muere de una crisis cardiaca en abril de 1973, a los 91 años.

  • Albert Gleizes, el cubismo en majestad

    • Fecha 29/3/01 al 5/8/01
    • Organizada por el Museu Picasso de Barcelona y el Musée des Beaux-Arts de Lyon, en estrecha colaboración con la Fundación Albert Gleizes, la exposición se propone revisar la obra pictórica y gráfica de un artista que, desde la publicación de Du Cubisme, escrito con Jean Metzinger en 1912, sufre todavía las consecuencias de verse a menudo reducido al papel de teórico del movimiento.

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      Esta exposición, que comprenderá 80 cuadros y 70 obras gráficas, no podrá llevarse a cabo sin la participación, ya solicitada, de muchos museos y coleccionistas franceses, ni sin la de varios museos europeos y especialmente americanos. Porque los museos americanos conservan obras emblemáticas del periodo cubista de Gleizes, que el público no ha podido ver desde los años 60.

      Preparada por Christian Briend, conservador encargado de las colecciones del siglo XX del Musée des Beaux-Arts de Lyon, la exposición propondrá una visión de conjunto de la trayectoria de Albert Gleizes, desde sus inicios alrededor de 1900 hasta las etapas finales de su obra, a principios de los años 50.

      Con esta intención, la exposición estará dividida en cinco grandes secciones que recorrerán las principales etapas de la obra de Gleizes, caracterizada por su fidelidad intelectual a ciertos presupuestos del cubismo, pero interpretados de manera muy personal.

      ÁMBITOS DE LA EXPOSICIÓN:

      • 1901-1909

        Después de evocar el breve periodo impresionista del artista, se expondrán numerosos dibujos, inspirados en el simbolismo social cultivado por el grupo de la Abadía de Créteil, uno de cuyos fundadores fue Gleizes. Las obras que realizó a lo largo de una decisiva estancia en los Pirineos traducirán la apremiante voluntad de síntesis formal que animó entonces al artista, en contacto con el pintor Le Fauconnier.

      • 1910-1913

        Intentando reconstruir la participación del artista en los salones parisinos de los años 10, y también en el salón de La Section d'Or de 1912, la exposición permitirá captar en su justa medida las ambiciones del periodo cubista de Gleizes propiamente dicho. Es el momento en que Apollinaire ve en "la majestuosidad", "lo que caracteriza por encima de todo el arte de Albert Gleizes".

      • 1914-1918

        La Primera Guerra Mundial, durante la cual el artista, después de pasar unos meses en una guarnición en Lorena, se establece en Barcelona antes de llegar a Nueva York, se nos presenta como un periodo particularmente fecundo: dibujos y pinturas manifestarán la evolución de Gleizes hacia una interpretación dinámica y vivamente coloreada del Cubismo.

      • 1919-1930

        De vuelta a Francia, Gleizes, bajo la influencia del marchante Léonce Rosenberg, se convierte en el paladín de una abstracción depurada, hecha de capas geométricas poderosamente armónicas. En estos mismos años, el artista se entrega a un importante trabajo teórico que le lleva a poner en práctica sus "traslaciones" y "rotaciones" de los planos.

      • 1930-1953

        Los años 30 y 40 estarán representados por pinturas de grandes formatos en las que Gleizes, en un intento de renovar en profundidad la pintura religiosa, vuelve a una figuración alusiva (fortalecida por el redescubrimiento del arte románico), afirmando su aspiración a la decoración monumental.