Él desde pequeño había querido ser pintor, pero eran una familia bastante pobre, y sin suficiente dinero para apuntarle en una academia de pintura. Sólo tenía unos pocos pinceles, y algunas pinturas. El chico era muy bueno pintando, pero sólo sabía pintar a la gente durmiendo, ni él ni nadie sabía por qué, pero cuando pintaba a personas dormidas, las pinceladas fluían rápidas y precisas sobre el cuadro. Una señora rica de las afueras del pueblo, oyó que había una niño que era un prodigio haciendo retratos de la gente. La señora fue a verlo, quería un cuadro bien grande, para poder presumir delante de sus amigas. Fue a su casa, y le pidió al niño que le hiciera un retrato, bien grande y que saliera bien guapa. El niño le dijo que con una condición, que tenía que dormirse para poder pintarla. A la mujer primero le pareció sospechoso, pero al final, aceptó. El niño fue a coger sus pinturas y pinceles, mientras ella se acomodaba e intentaba conciliar el sueño. Al cabo de una hora, la mujer se fue despertando, el cuadro ya estaba acabado, era precioso. La mujer orgullosa de ello, lo llevó a su casa, sus amigas cuando lo vieron se quedaron sorprendidas, ¿cómo un niño de tan poca edad podría haber hecho un cuadro así? El niño se hizo famoso por toda la zona, las señoras más prestigiosas le pedían que les pintara un cuadro. Le llamaban ' el artista de las bellas durmientes'

Maria Benaiges Cros