Cuadernos de la colección

Paisajes
de Barcelona

Claustre Rafart

Esta publicación digital ha sido editada en ocasión de la exposición
"Paisajes de Barcelona", presentada en el Museu Picasso
del 29 de mayo al 14 de septiembre de 2014

Presentación

La exposición "Paisajes de Barcelona" presenta un conjunto de pinturas y dibujos que reproducen el litoral y el espacio urbano de Barcelona y que pertenecen a la colección permanente del Museu Picasso. La muestra constituye una mirada renovada a estos paisajes y, además de situarlos en un primer plano, nos permite entender también que el género paisajístico apareció de forma intermitente en la obra de Picasso.

Las obras de la exposición van acompañadas de fotografías de la época en la que fueron realizadas, procedentes del Arxiu Fotogràfic de Barcelona, el Arxiu Fotogràfic del Centre Excursionista de Catalunya y la Fundación Instituto Amatller de Arte Hispánico. Archivo Mas, que nos aportan información sobre la Barcelona del momento.

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El género paisajístico había llegado a tener un gran impulso desde mediados del siglo xix. Picasso vivió su florecimiento en Málaga, de la mano de su padre, con la llegada de pintores procedentes de la escuela valenciana, formados en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos —como Bernardo Ferrándiz y Antonio Muñoz Degrain—, y que fue decisiva para la consolidación de una escuela malagueña. Estos y otros artistas compartían el gusto por la luz, el color, el bullicio y la alegría del Mediterráneo, un gusto que Picasso exploraría con plenitud, años más tarde, en la pintura, el dibujo y la cerámica.

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En Málaga, Picasso ensayó el género paisajístico, pero fue en La Coruña donde hizo sus primeras tentativas serias. Estas coincidieron con el inicio de su aprendizaje académico, pero a pesar de que el paisaje era materia de estudio en la Escuela de Bellas Artes Da Guarda lo afrontó como ejercicio libre. Los primeros años barceloneses seguiría combinando estas dos vertientes.

La Barcelona del cambio de siglo, en la que convergían el desarrollo industrial y comercial, vivía una efervescencia artística y cultural en la que proliferaban los movimientos innovadores. Picasso, durante sus primeros años en la ciudad, respiró esa atmósfera y no tardó mucho en integrarse en los ambientes vanguardistas que tenían como epicentro la cervecería Quatre Gats.

Las obras que mostramos en "Paisajes de Barcelona" son la constatación de la evolución creativa de Picasso, uno de los hilos conductores que nos lleva del aprendizaje académico a la vinculación con la vanguardia artística catalana y a la consolidación de su primer estilo personal. Son el paso de un arte completamente arraigado en el siglo xix a uno de vanguardia, insertado de pleno en el siglo xx. Son, también, los latidos de una ciudad moderna que se abría camino hacia Europa y donde lo antiguo perduraba como signo de los tiempos. Una ciudad que, pese a vivir una época dorada, se debatía entre la prosperidad industrial y el crecimiento urbanístico, y las tensiones políticas y sociales.

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Pinturas y dibujos configuran un mosaico de lugares conocidos y lugares ignotos que hemos estructurado siguiendo los temas definidos por las propias obras: «Litoral», «Barcelona moderna», «Barcelona patrimonial», «Azoteas» y «Desde la ventana». Este es, sin embargo, un guión abierto, porque los paisajes picassianos son interconectables. Por ejemplo, Azotea de las Cases d’En Xifré (MPB 110.228) se integra en «Barcelona moderna», a la vez que se puede agregar en «Azoteas»; la Cúpula de la iglesia de la Mercè (MPB 110.949) está en el ámbito «Azoteas», pero se puede incluir en «Barcelona patrimonial», y así podríamos ir combinando los paisajes, pletóricos en lecturas y en asociaciones.

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Aunque la relación de Picasso con la fotografía es un tema per se, no lo asumiremos en esta ocasión como tal. En el momento de la creación de los primeros paisajes barceloneses de Picasso, la fotografía era una técnica relativamente nueva y pronto se impuso como una forma de captar la realidad urbana. Es una fuente ineludible para el conocimiento de la Barcelona de la época, que captó las transformaciones de la urbe decimonónica en lo que se entendía como una representación fiel y objetiva de la realidad. En este contexto, la fotografía paisajista se convirtió en una herramienta de trabajo importante para seguir la evolución de la Barcelona moderna, así como para la documentación y catalogación patrimonial, histórica, artística y arquitectónica.

Litoral

Al llegar a Barcelona, en 1895, la familia Ruiz Picasso se instaló cerca del puerto. Eran de Málaga y habían vivido unos años en La Coruña: el mar siempre había estado presente en sus vidas.

El litoral barcelonés de finales del siglo xix ya tenía parte del perfil moderno que conocemos. Se había derruido la muralla medieval de mar, lo que había supuesto la apertura de la ciudad al mar y la integración del barrio pescador de la Barceloneta. Fotografías, pinturas, dibujos y grabados de la época lo corroboran.

El joven Picasso recorrió el litoral y exploró el nuevo entorno en un conjunto de composiciones de pequeño formato realizadas básicamente entre 1895 y 1899 y que, más allá de su valor artístico, son documentos gráficos de un tiempo pasado.

Picasso desplegó todo el litoral barcelonés en un conjunto de pinturas y dibujos que nos enseñan desde la montaña de Montjuïc, pasando por el puerto y la fachada de mar del barrio de la Barceloneta hasta el rompeolas, para seguir con la playa de la Barceloneta y las fábricas del barrio de Poblenou y la Sierra de la Marina.

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Siguiendo el itinerario picassiano hacia el noreste, hay que destacar el dibujo de 1899 Dársena con Montjuïc al fondo (MPB 110.578). Es una marina en una dársena que tiene Montjuïc como telón. Palau i Fabre (Picasso vivent. 1881-1907, 1980) contaba que Picasso y sus amigos frecuentaban la taberna llamada La Musclera, situada en la falda de la montaña, debajo Miramar, donde iban a comer los mejillones procedentes de las bateas que había bajo el faro y que aparecen en las fotografías coetáneas. A lo largo de 1896 y hasta principios de 1897, el paisaje —en concreto, las marinas— fue una temática habitual y esencial para la evolución de la obra de Picasso. Después, el mar desapareció de su producción hasta enero de 1899, cuando volvió a Barcelona después de una estancia en Madrid y Horta de Sant Joan.

Las marinas preludian y se combinan con panorámicas de zonas conocidas del litoral. Su estructura compositiva está marcada por la dualidad mar-cielo, y tanto las pinturas como las acuarelas nos muestran percepciones emotivas del espacio, que hacen patente la vaporosidad etérea del ambiente, en algunos casos cercana a Whistler, un artista catalizador de las corrientes impresionista y simbolista bastante conocido entre los pintores catalanes de la época.

Sin embargo, el litoral reconocible también está presente en la obra de Picasso. Lugares, más o menos identificables, como el Puerto de Barcelona (MPB 110.201, 1896), en el que presenta una panorámica del puerto viejo en un atardecer de mar calmada, con los veleros que flotan ante el muelle y, al fondo, las casas que se alinean frente al mar. Picasso ensaya una visión poética del entorno, aprovechando los efectos lumínicos de la última luz del día y aplicando una paleta cromática efectista que suaviza el dramatismo de la escena del mare tenebrarum.

En enero de 1897 Picasso centró el objetivo en La Barceloneta (MPB 110.220), vista desde el Moll de la Fusta, donde estaban los tinglados, y reprodujo la primera línea de mar del barrio pescador. Se trata de un ejercicio de perspectiva en el que el tratamiento lumínico intenso y la paleta amarillenta dominante enlazan con otros paisajes del momento.

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En Escollera con un velero (MPB 110.170), Picasso convirtió el dique de defensa en la franja divisoria entre el mar y el cielo. La obra destaca entre la serie de tablillas que presentan gradaciones cromáticas relevantes, que culmina con una puesta de sol realmente impresionista (MPB 110.196), realizada en diciembre de 1896, en la que el artista condensa todo un universo de sensaciones en un espacio reducido.

Picasso ofrece también, a través de tres secuencias, la perspectiva del litoral norte barcelonés, desde la playa de la Barceloneta con las fábricas del Poblenou al fondo, hasta llegar a la Serralada de la Marina. De entre las tres, todas de 1896, destaca Playa de la Barceloneta (MPB 110.073). El choque de las olas contra la arena configura la partición en diagonal de la tela: mar y tierra. La primera está tratada de forma más emotiva, en la línea de las marinas citadas antes. La segunda, la parte de la playa con los edificios y el caballo, es más realista. Esta secuencia es también un documento gráfico de la Barcelona de la revolución industrial.

Barcelona patrimonial

El clímax cultural de la Catalunya de final de siglo impulsó el estudio sistemático de la Barcelona antigua y de otros lugares de la geografía catalana. El ansia por la recuperación del patrimonio histórico y artístico y la interpretación histórica de los orígenes de Catalunya estuvo vinculada al movimiento catalanista creciente, que inició la búsqueda de un pasado memorable que alimentara el renacimiento de la personalidad política y cultural del país. Picasso respiró, por lo menos, ese ambiente.

La Barcelona histórica convivía con la Barcelona moderna y Picasso reprodujo paisajes de sitios emblemáticos del patrimonio arquitectónico religioso de Ciutat Vella. Su mirada se detuvo en los claustros de dos edificios religiosos de estilos bien distintos: el del monasterio románico de Sant Pau del Camp y el de la catedral gótica.

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Sant Pau del Camp, situado en el barrio del Raval, es una de las escasas construcciones románicas de Barcelona. Se trata de un complejo arquitectónico del siglo xii, cuya parte más relevante es el claustro, que destaca por la singularidad de sus arcos polilobulados (tres y cinco lóbulos). En 1896, cuando Picasso lo dibujó y pintó, se inició su restauración. Picasso escogió dos detalles de un mismo motivo: los arcos. El primero, Detalle del claustro de Sant Pau del Camp (MPB 111.117), es un esbozo con lápiz Conté que forma parte de un cuaderno de dibujo hecho en Barcelona (1896-1897, MPB 110.911c) y que reproduce un detalle frontal de dos arcos de cinco lóbulos, uno de ellos inacabado. La segunda obra, Rincón del claustro de Sant Pau del Camp (MPB 110.195), un óleo sobre madera, muestra dos de los arcos de tres lóbulos. En esta ocasión, Picasso añadió a los arcos las bellas columnas que los sostienen, coronadas por capiteles esculpidos con motivos vegetales o geométricos. El artista lo fechó en Barcelona en diciembre de 1896; en el reverso especificaba: «Claustros de San Pablo/48».

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El mismo año 1896, Picasso recreó el claustro de la catedral de Barcelona (construida entre los siglos xiii y xix) en diferentes óleos sobre madera de pequeño formato. En Hombre apoyado en un portal gótico de la catedral de Barcelona (MPB 110.203), reprodujo la puerta que comunica el claustro con la capilla de Santa Lucía, ejemplo de gótico flamígero con arquivoltas y columnas con capiteles decorados, básicamente, con motivos vegetales y geométricos. En Detalle del claustro de la catedral de Barcelona (MPB 110.219), Picasso muestra una ventana gótica abierta en un contrafuerte, bajo la cual se encuentra un surtidor que vierte el agua en el estanque de las ocas.

Las dos tablillas guardan una analogía formal y cromática, con tonalidades oscuras propias de las piedras oscurecidas por el paso del tiempo. En el caso de la ventana gótica, el artista realza con blanco sucio ciertas partes de la composición para darles luminosidad. En 1898 Picasso volvió a reproducir el mismo lugar (Z I, 5), y entre 1899 y 1900 lo hizo aparecer de nuevo mezclado con esbozos de otros temas. En «De los claustros de la catedral» y otros croquis (MPB 110.670), por ejemplo, aparece rodeado de apuntes y de caricaturas. Es posible que el dibujo formara parte de un proyecto más ambicioso, porque el motivo está enmarcado y Picasso especificó su título.

Barcelona moderna

En el último tercio del siglo xix, Barcelona estaba experimentando cambios importantes. La revolución liberal de 1868, La Gloriosa, supuso la incorporación de un espacio urbano virgen en la ciudad donde se construyó el Parque de la Ciudadela, en una parte del cual se desarrolló la Exposición Universal de 1888. Además, se estaba tejiendo la gran reforma urbanística del Eixample, el litoral marítimo se iba urbanizando y se estaba saneando el casco antiguo.

Los Ruiz Picasso alquilaron un piso en la calle Reina Cristina, 3, esquina con Llauder (se entraba por el número 4 de esta calle). La zona gozaba del moderno Parque de la Ciudadela, y al lado del domicilio de los Ruiz Picasso se encontraban las Cases d’En Xifré, el primer bloque de pisos moderno de Barcelona. En la azotea del edifico estaban los depósitos de agua para uso doméstico, coronados por una especie de cúpula, que eran visibles desde la azotea de la casa de Picasso.

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Dos de las primeras pinturas de Picasso en Barcelona son detalles de estos depósitos. La primera, fechada por el artista el 4 de octubre de 1895, es Azotea de las Cases d’En Xifré (MPB 110.172). En el reverso puede verse una luna llena (MPB 110.172R), un motivo reproducido en otros óleos de estos años. La perspectiva es frontal y la paleta dominada por los colores verdosos y terrosos, que continuará en las tablillas posteriores. La segunda, homónima (un óleo sobre tela, adherido posteriormente sobre madera, MPB 110.228), se cree que es del mismo momento. Se trata de un plano contrapicado y se acerca al cromatismo y a la atmósfera de las marinas que realizó durante el viaje de Málaga a Barcelona de finales del verano de 1895 y las de 1896.

Picasso iba a menudo al Parque de la Ciudadela (antiguamente, Parque de Ribera). Palau i Fabre apunta (Picasso vivent. 1881-1907, 1980), según le había confirmado el propio artista, que lo frecuentaba con su madre, Doña María, y con su hermana Lola. El nombre del parque recuerda la existencia de la ciudadela militar construida por Felipe V tras la Guerra de Sucesión. Signo de represión, era odiada por la ciudadanía, que no paró hasta lograr su derribo. La desaparición del edificio dejó un gran descampado que la municipalidad convirtió en parque. Se convocó un concurso público que ganó, con mucha polémica, el maestro de obras Josep Fontserè i Mestre, que fue director efectivo de las obras y autor de la mayoría de edificios y monumentos del interior del recinto, entre los cuales El estanque del Parque de la Ciudadela (Z6,28) y la Cascada del Parque de la Ciudadela (Z6,27), que fueron dibujados por Picasso.

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Dentro del parque, en la zona donde se había desplegado la Exposición, quedaban vestigios de elementos creados para la muestra, como el diorama de las falsas montañas de Montserrat, ideado por los escenógrafos Urgellès y Moragas. No hay duda de que a Picasso le despertó curiosidad, puesto que le dedicó tres pequeños óleos (MPB 110.184, MPB 110.179 y MPB 110.198), sin fechar, pero que probablemente son de los primeros meses de estancia en la ciudad.

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En aquella época, Picasso pintó unas secuencias paisajísticas de pinceladas impulsivas y gran luminosidad: Arboleda (MPB 110.181), Paisaje con árboles (MPB 110.167) y Tenderete en el parque (MPB 110.157). Enlazando con estos, encontramos dos obras con el mismo título: Parque de la Ciudadela (MPB 110.070 y MPB 110.226), una de abril de 1896 y otra de diciembre de 1896, con paisajes muy similares a los que vemos en dos fotografías de época del parque, una de Adolf Mas (Fundació Institut Amatller de Arte Hispánico. Arxiu Mas) y otra de Josep Esplugas Puig (Arxiu Fotogràfic de Barcelona). Estos paisajes son algunos de los que preludian los que hará en Madrid en el curso académico 1897-1898.

Azoteas

Desde finales del siglo xviii, y fruto de los procesos de industrialización y de crecimiento de la población urbana, los nuevos edificios de Barcelona sustituyeron progresivamente los tejados por azoteas: la estructura arquitectónica se hacía más ligera y se rebajaban los costes de construcción.

Las azoteas ofrecieron un nuevo espacio para los usos y las prácticas de la vida cotidiana, vinculados a las costumbres de las clases trabajadoras. Picasso y su familia pudieron gozar de estos miradores gracias a los sucesivos cambios de domicilio y a los diferentes talleres que ocupó el artista, tal como lo demuestran documentos gráficos de la época. Picasso realizó una serie de obras dedicadas a las azoteas: la Barcelona elevada, singular e identitaria.

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Empezó estas vistas con las azoteas de las Cases d’En Xifré, que hemos comentado antes. En 1896 pintó unas azoteas no identificadas: Luna llena desde una azotea (MPB 110.130) y los dos óleos de pequeño formato titulados Azoteas de Barcelona (MPB 110.087 y 110.206). Estas obras se estructuran a partir de una composición bipartita —azoteas-cielo—, y configuran escenas ambientales poéticas, avaladas por el tratamiento de la luz, potenciada con un cromatismo efectista.

Este mismo año, los Ruiz Picasso se instalaron en la calle de La Mercè, 3. Don José alquiló para su hijo un taller en la calle de la Plata, 4, situado entre el domicilio familiar y la Llotja. En esta parte del barrio, sobresale la cúpula de la iglesia de La Mercè, que Picasso dibujó en enero de 1897 (MPB 110.949). La composición, de estructura similar a las anteriores, muestra las construcciones vecinas, ejecutadas con trazo y sombreado vigoroso, y un cielo azul-rojizo realizado con acuarela. El resultado es un skyline que, en nuestra opinión, es uno de los paisajes más logrados de la Barcelona retratada por Picasso.

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El apoteosis de las azoteas barcelonesas lo encontramos en las telas de 1902 y 1903, entre las que destaca Azoteas de Barcelona (MPB 110.020, con Paisaje con lago, MPB 110.020R en la parte trasera). La obra, de 1902, fue realizada en el taller que Picasso ocupó en la calle Nou de la Rambla, 10. Sabartés describe así el lugar: «Está en la azotea de una de las primeras casas, a la derecha, entrando por la Rambla: justamente al lado del Edén Concert. Lo alquiló Ángel F. de Soto para vivir en él durante la ausencia de la familia, y el pintor Rocarol paga la mitad del alquiler, porque a este le sirve para trabajar» (Picasso. Retratos y Recuerdos, 1953).

En primer plano, vemos un hueco de escalera situado en una azotea; detrás, en segundo término, las azoteas vecinas, en una noche de plenilunio espectacular. Picasso convirtió la composición en un estudio admirable de construcción de las formas —haciendo gala de una óptica de los volúmenes renovada— y en un himno a la noche. El azul es más intenso que el azul-gris o el azul-verdoso que había utilizado en París. La intensidad de la luz barcelonesa hace más densas las sombras y potencia el azul: son «los azules de Barcelona» (Sabartés).

En el mes de enero de 1903, Picasso volvió a la capital catalana después de una estancia en París y se instaló en un taller que había ocupado anteriormente, en la calle Riera de Sant Joan, 17, donde reprodujo las azoteas de los alrededores: las torres de la catedral, la de Santa Ágata y el tejado de Santa Marta, como lo hizo en la carta que envió a su amigo poeta Max Jacob en verano de 1903.

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También de este momento es Azoteas de Barcelona (MPB 112.943), en la que Picasso despliega sus habilidades técnicas más brillantes: la maestría en la construcción plástica de las formas, el uso exquisito del color y la armonía del conjunto. Fotografías coetáneas de las azoteas barcelonesas, como la de Adolf Mas Calle del Pont de la Parra, nos permiten ilustrar el skyline del momento. Esta tela fue propiedad del artista durante toda su vida. Cuando Jacqueline la mostró a Malraux, este le dijo: «Creo reconocer el tema: la línea que se recortaba sobre el cielo del alba cuando regresábamos con la escuadrilla de nuestros aviones» (La cabeza de obsidiana, 1974). Los había visto durante la Guerra Civil española.

Maurice Raynal escribió: «En este período azul [1903], Picasso pintó algunos paisajes ordenados arquitectónicamente que muestran afinidades con la pintura italiana anterior al Renacimiento. Quizá podemos ver aquí una anticipación de los conceptos arquitectónicos del cubismo» (Picasso, 1922).

Desde la ventana

Entre 1899 y 1900, Picasso reprodujo los paisajes que veía desde sus talleres.

La ventana o sus equivalentes —balcón, puerta, etc.— se convirtieron en punto de transmisión o de comunicación entre dos espacios: el interior y el exterior. A través de estos elementos creó perspectivas, básicamente frontales y descendientes, y elaboró formas y ritmos.

La Barcelona vista por Picasso desde las ventanas comprende las vistas arraigadas en la perspectiva clásica y un último paisaje de 1917, de postulados vanguardistas.

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En 1900, desde la ventana del taller de la Riera de Sant Joan, 17, Picasso reprodujo una perspectiva frontal de las Azoteas e iglesia de Santa Marta (MPB 110.102). Es un paisaje exterior luminoso, descrito con una paleta vibrante, dominada por el amarillo de las paredes y el naranja de las azoteas e influenciada por la Colla del Safrà, donde se intuye el espacio interior.

En el dibujo y el óleo de Calle de Riera de Sant Joan desde la ventana del estudio del artista (MPB 110.213 y MPB 110.898), Picasso ofreció una perspectiva en picado, como en el cine. A través de la ventana, de la cual solo se ve el ángulo inferior derecho del marco, Picasso proyecta la bulliciosa calle, muestra los perfiles de los grandes balcones de la casa de enfrente y los peatones. Describe el entorno con manchas de color y obvia el detalle.

La Riera de Sant Joan era una calle estrecha, perpendicular al mar; entre la catedral y el mercado de Santa Caterina, hasta el cruce de las calles Sant Crist de la Tapineria y Gracià Amat. Era una vía llena de vida, con locales significativos. Esta calle desapareció con la apertura de la Via Laietana, en lo que entonces se llamó la Reforma, iniciada en la primera década del siglo xx.

En 1917 Picasso volvió a la Ciudad Condal en dos ocasiones: a principios de año y durante una estancia más larga, de junio a noviembre, con los Ballets Rusos de Serguéi Diáguilev. Estaba enamorado de la bailarina Olga Khokhlova, con quien se casó al año siguiente.

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Picasso realizó una serie de telas, entre las que se encuentran su último paisaje de Barcelona: El paseo de Colón (MPB 110.028). Es una vista desde el balcón del Hotel Ranzini, donde Khokhlova se alojaba. Lo preceden unos dibujos de un álbum conservado en el Musée Picasso de París. Este paisaje, donado por el artista a Barcelona en 1970, se convierte en la mirada vanguardista a la ciudad que le había abierto las puertas a la modernidad.

Los paisajes de Barcelona son uno de los hilos conductores del proceso creativo de Picasso en su época de formación. Son lugares escogidos por Picasso, su guía personal de la Barcelona donde vivió la juventud.

Paisajes de Barcelona

Créditos
Edición y producción: Fundació Museu Picasso, Barcelona Dirección: Bernardo Laniado-Romero Autora: Claustre Rafart Coordinación de la exposición: Mariona Tió Responsable del proyecto: Anna Guarro Coordinación: Mireia Llorella Cristina Martín Proyecto gráfico y maqueta: Todojunto Traducciones y correcciones: la correccional Fotografía: Todas las imágenes MPB son de Gasull Fotografia
Agradecimientos: Arxiu Fotogràfic de Barcelona Arxiu Fotogràfic Centre Excursionista de Catalunya Fundació Amatller d’Art Hispànic. Arxiu Mas © Sucesión Picasso.VEGAP 2014