Horta-Guinardó







Aperitivos con mucha solera (14/04/2010)

Con la llegada del buen tiempo apetece más salir a la calle y hacer el vermut en buena compañía, un hábito que se extiende por la ciudad. Cinco bodegas y terrazas del distrito de Horta-Guinardó son el vivo ejemplo de que el «vermúting» está más de moda que nunca. ¡Que aproveche!

Luis Benavides




Foto: Albert Bertran
Masía bicentenaria con sitio en Facebook
Bodega Massana - Horta, 1

En pleno corazón de Horta, en una masía bicentenaria, la bodega Massana es popular en el barrio entero por su vino a granel y sus generosos almuerzos. Crescencia Ruiz Ortega, viuda de Jordi Massana, regenta con la ayuda de su cuñado, Carles de la Prida, un negocio familiar que poco o nada ha cambiado con el paso de los años. Y van más de 60.
Un enorme reloj con forma de barril y 12 grifos preside la barra. La imagen de sus agujas inmóviles lo dice todo. El devenir del tiempo queda fuera de esas cuatro paredes. Ahí radica su encanto. Quizás por eso su público lo constituyen son mayoritariamente jubilados y nostálgicos, gente mayor que sigue tomándose cada día su porroncito de vino con el bocadillo.
Los fines de semana, sin embargo, la clientela rejuvenece. Carles observa esta tendencia desde hace tres años: «Los sábados viene gente más joven, sobre todo familias con niños que quieren hacer el aperitivo». ¿La explicación? «Han vuelto la buena gastronomía, los aperitivos de siempre y almuerzos potentes como la botifarra amb seques».
La especialidad, sin embargo, es «el vermut de la casa, ya sea el dulce o el amargo, acompañado con una buena tapa de anchoas». El secreto de dicha tapa, continúa Carles, está en la salsa que preparan en la propia bodega con ingredientes secretos.
Este histórico establecimiento hortenc tiene incluso un grupo de amigos en Facebook, un espacio en internet con más de 100 seguidores que gestiona Carles con su portátil entre vermut y vermut.

 


El bar del loro
Quimet d'Horta - Eivissa, 10

Abierto en 1927 y situado en la plaza de Eivissa, Quimet d’Horta es un clásico de Horta-Guinardó, tan conocido por sus tapas como por su loro, Juanito. El ave llevaba de cabeza al conductor del tranvía que finalizaba su recorrido en la plaza de Eivissa imitando su silbato desde la barra. El animal acabó sus días en el Zoo, pero todavía muchos vecinos se refieren al local como el bar del loro. Sin tranvía y sin Juanito, el Quimet d’Horta encabeza la oferta vermutera de Horta con su extensísima carta de tortillas, anchoas de L’Escala y sus célebres patatas bravas.

 


Vino de barril
Celler Antonio - Chapí, 108

En la empinada calle de Chapí, a la altura de la calle de la Rectoria, se encuentra el Celler Antonio, una pequeña y entrañable bodega en la que se sirven vino directamente del barril y tapas de calidad. «Mucho producto gallego y anchoas del Cantábrico», subraya su propietario, Antonio Liarte, quien lleva 29 años detrás del mostrador y presume de preparar las mejores anchoas y boquerones de Barcelona. «Pero lo mejor del Celler Antonio es su ambiente. Viene gente del barrio maja y honrada. Quizás tengo pocos clientes, pero son todos muy buenos», dice convencido.

 


Chapatas con queso
El Xapattin - Bacardí, 3

Abierto hace poco más de tres años, El Xapattin es un acogedor restaurante ambientado en la Castilla rural en el que se pueden degustar todo tipo de platos, desde pescados y carnes a la brasa a bocadillos. En definitiva, para todos los públicos y bolsillos. Pero su mejor baza está en la terraza. Durante todo el año, excepto los martes por descanso del personal, sus mesas en la tranquila y peatonal plaza de Bacardí invitan al tapeo en familia y el vermut dominguero (o de sábado). Unas espectaculares chapatas con queso havarti fundido son la especialidad de esta casa.

 


El nombre engaña
Fránkfurt Julia - Eivissa, 4

De entre todos los establecimientos de la bulliciosa plaza de Eivissa destaca el Fránkfurt Julia por su bonita fachada, colorista y con motivos marineros. Sí, marineros. El apelativo salchichero no hace honor al buen marisco que ofrece desde el 2001 cuando José Manuel López se hizo con el local. Los fines de semana, su terraza se queda pequeña a partir de la una del mediodía. La gente hace cola para degustar sus populares caracoles de la abuela, navajas, mejillones, chanquetes frescos, pinchos rebozados y bombas caseras, entre otros platos estrella.

 

 

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