Horta-Guinardó







Una mirada a las antiguas masías (03/02/2010)

De origen rural, Horta-Guinardó muestra el paso de los señores de la tierra con viviendas-fortalezas, que heredaban la suspicacia defensiva y el arte de hacer torres de piedra de los antiguos colonizadores romanos. Hoy, reconvertidas a distintos usos, desde equipamientos públicos hasta restaurantes, invitan a viajar en el tiempo.

Roque Pérez




Can Travi Nou
Jorge Manrique, s/n

Dos masías llevan nombre similar, por su proximidad geográfica y de las dos se puede hacer uso pero de forma distinta. Can Travi Nou, una masía de principios del siglo XVII admirablemente conservada, hoy aloja un restaurante y es, al mismo tiempo, recinto para celebraciones. La otra, Can Travi Vell, fue famosa en sus orígenes por la importancia de sus acuíferos. Esta masía tiene una historia accidentada que pasa por los avatares de la guerra civil y una explosión de gas que la dañó gravemente. En la actualidad es el asentamiento de la Guardia Urbana. Los amantes de la cocina tradicional mediterránea sin dudas que se inclinarán por Can Travi Nou.

 


Can Carabassa
Peris Mencheta, 26-46

Esta masía fue el resultado de alguien que marchó a hacer las Américas y le fue bien. Carles Marés fue un emprendedor que regresó a Barcelona en la segunda mitad del siglo XIX tras un tiempo en EEUU, con la fortuna suficiente para construir esta casa solariega. Más adelante, los descendientes de Carles Marés vendieron la masía a los hermanos de la Sagrada Família, que construyeron un colegio. En la actualidad Can Carabassa es el corazón mismo de esta institución dirigida por los Hermanos de la Sagrada Família, comunidad cristiana fundada a impulsos de Gabriel Taborin, maestro y catequista nacido en 1799 en un pueblecito de Francia.

 


Foto: Guillermo Moliner
Can Cortada
Avda. del Estatut de Catalunya, s/n

Se remonta en el tiempo hasta el siglo XI, cuando era una villa romana sobre la que los señores comarcales construyeron una fortificación, para defenderse de los ataques que, en aquellos tiempos de fronteras confusas eran bastante frecuentes. De la construcción medieval se conserva una torre de defensa integrada a la casa. Adquirió el nombre con que se la conoce hoy en día cuando la familia Cortada la adquirió en 1711. Esta familia tenía el patronato de la iglesia de Sant Joan d’Horta, que de hecho era su capilla particular. Los muros de Can Cortada están construidos con el mismo sistema de ladrillos y piedras talladas que se usaba en la antigua Roma.

 


Can Fargas
Frederic Rahola y Paseo de Maragall

Esta masía ya fue documentada en el siglo XIII, pero se la supone construida como torre de defensa un siglo antes. Hasta el siglo XIX fue más conocida como Masia Pujol, por Josep Pujol, regidor de Barcelona, que la compró para habitarla con su familia. Una de sus características es la de poseer dos jardines con distinto diseño. El uno es del siglo XVIII, clásico, en tanto que el segundo pertenece a la tendencia romántica del siglo XIX, sumando esculturas y bancos de piedra rodeados esbeltos cipreses. Los dominios de Can Fargas se extendían hasta la parte alta del hospital de Sant Pau.

 


Can Mariner
Calle de Horta y del Vent

Según los historiadores locales, esta casa fue de los señores de Horta, que la dieron a la familia Ferrer para que la habitaran y cultivaran sus tierras. A cambio tenían que entregar una cuarta parte de sus cosechas para la mantención de la iglesia de Sant Joan. Con el correr de la costumbre la masía pasó a llamarse Can Ferrer, y tendría que esperar hasta el siglo XVI, cuando pasó a manos de los Mariner, para tomar su nombre actual. Los Mariner, que eran propietarios urbanos en el corazón mismo de Barcelona, se mudaron a esta masía que hoy alberga la biblioteca pública del mismo nombre.

 


Foto: Guillermo Moliner
Can Querol
Paseo de Maragall, 178

Esta masía, que hoy es ocupada por la Fundació Valldejuli, con un hogar para gente mayor, tiene un pasado muy vinculado a la historia de Catalunya. Horta en los comienzos del siglo XX no era lugar de asentamiento industrial, pero en ella residían una gran parte de los albañiles de Barcelona, muchos de ellos enrolados en el anarquismo. Fuera de las manifestaciones de la Semana Trágica, con la quema de monasterios e iglesias en Sant Andreu y Horta, solo Can Querol fue uno de los pocos focos de conflicto durante la Guerra Civil, porque allí tenía su asentamiento la FAI.

 

 

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