Horta-Guinardó







Jardines de Horta-Guinardó (02/12/2009)

Ir por los barrios en busca del tibio sol de este tiempo es un lujo que no se pueden permitir los urbanitas de todo el mundo. Barcelona ofrece la posibilidad de practicar esa clase de turismo, de entrecasa, que no necesita ni de barcos ni de aviones, basta y sobra con el metro o el autobús para pasar unas horas muy agradables.

R. Pérez




Foto: J. Puig
Príncep de Girona
Lepant, 378

Este antiguo patio central de un cuartel de caballería es hoy un jardín de barrio, agradable y con servicios para sus usuarios. Se puede leer, descansar y hay sitio para que los niños jueguen. Todos los accesos, en gran parte con rampas para no excluir a nadie, conducen a un centro de jardín donde hasta los perros tienen un lugar reservado para que desfoguen sus energías. El arbolado es muy variado, incluyendo desde los árboles del paraíso, que en primavera embalsaman el aire, hasta pinos piñoneros que dan sombra a la zona prevista para los picnic. La nota de color la ponen los parterres sembrados con baladros, buganvillas y arbustos de jazmín azul.

 


Foto: J. Puig
Parque del Guinardó
Garriga i Roca, 1-13

El agua es gran protagonista en este parque jardín donde se unen la silvestre estética del bosque con el jardín trabajado ornamentalmente. Tiene tres partes diferenciadas: una cercana a lo urbano, otra histórica y la tercera rindiendo homenaje a la frondosidad de los montes. La primera parte está formada por terrazas separadas por taludes con césped, árboles y arbustos, que copian el relieve. La segunda conserva un antiguo un lavadero de ropas, elemento constitutivo del pasado del barrio. La tercera está dibujada por caminos que cruzan la arboleda y siempre hay gente paseando, o dándole el gusto a la bicicleta de montaña.

 


Foto: J. Puig
Rosa de Luxemburgo
Avda. del Estatut de Catalunya, 15-39

Este jardín lleva el nombre de una luchadora social muy importante durante el siglo XX. Demarcado por equipamientos escolares hasta les sirve como patio para esparcimiento de los niños. Su superficie, no extensa pero con marcada pendiente, posibilita vistas a la colina del Carmel. La diferencia entre lo alto y lo bajo es tratada con terrazas que se unen por escaleras y un camino perimetral apto para todos. En este jardín manda la presencia de los árboles, presentes en gran cantidad y variedad, incluyendo árboles frutales. Con el complemento de los arbustos florales y los parterres se le ha querido dar un aire que recuerda el pasado agrícola de Horta.

 


Foto: J. Puig
Parque del Vall d'Hebron
Plaza de la Clota

La extensa área que ocupa el Vall d’Hebron actúa como nexo entre Barcelona y la sierra de Collserola. Se define por grandes desniveles como plataformas que descienden hacia la ciudad. Una sucesión gradual de plazas con árboles y pérgolas destinadas a dar sombra a los paseantes muestra cañaverales, hiedras, árboles propios del Mediterraneo y palmeras, muchos de ellos más viejos que la etapa de racionalización de ese espacio. Este parque alberga tres interesantes esculturas: Fósforos, de Claes Oldendurg; Forma y espacio, de Eudald Serra, y Dime, dime, querido, de Susana Solano.

 


Foto: J. Puig
Parque de las Aigües
Plaza de Alfons el Savi

Un remanso de paz en medio de la agitación urbana, inaugurado en 1978. Por su estructura es una isla escalonada con terrazas separadas por muros de piedra y sendas. Hay tres áreas de juegos infantiles, una pista polideportiva y una de petanca, con suficiente sombra para jugar en verano, además de los rincones listos para celebrar un picnic. Este parque nació sobre los jardines y viveros de la Companyia d'Aigües de Barcelona, establecida allí a finales del siglo XX. Su destino era cubrir dos grandes depósitos de agua con un espacio verde en el que convivieran los jardines y la agricultura.

 


Foto: J. Puig
Jardines de las Heures
Paseo del Vall d'Hebron, 171

Valiosos jardines se extienden en torno al Palau de les Heures, que fuera construido sobre finales del siglo XIX. Amplias escalinatas conducen hasta el palacio, que se encuentra en lo alto de una suave colina. Para quienes tienen problemas de movimiento, un camino de tierra contornea este espacio, con bifurcaciones que se adentran entre los árboles, para hacer el recorrido eludiendo los escalones. Hacia lo alto, las majestuosas palmeras, en torno y vistiendo los taludes, hiedras y rosales trepadores; en todas partes, grandes macetas de terracota con perfumados geranios.

 

 

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